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Mario Casas, cumpleaños en Las Vegas con su novia y con su hermana


El actor celebrará sus 30 de fiesta por los casinos de Nevada en la compañía de su familia y colegas

El guapísimo actor Mario Casas cumple 30 años este domingo y lo celebrará lanzando la "casa" por la ventana. Porque el protagonista de Tres Metros sobre el Cielo y Tengo Ganas de Ti se trasladará hasta la mítica ciudad de Las Vegas para celebrar sus tres décadas entre fiestas y tragaperras, según ha podido saber LOC.

Sin embargo, Casas no jugará sus cartas solo: lo acompañarán Berta Vázquez -su novia desde 2014 y coprotagonista en Palmeras en la Nieve-,
su hermana de 28 años, Sheila, y el también actor Michell Cardelle, con quien grabó el film Edén, por el tour de casinos más completo de Nevada.


El coruñés aterrizó en Estados Unidos hace tres semanas con el fin de tomar un respiro en la promoción de sus películas y disfrutar de sus vacaciones con Sheila, quien se encuentra viviendo en California desde el mes de marzo.

Así, junto a algunos colegas, el ex de María Valverde -quien también vive en EEUU- esperó la llegada de su amada Berta -que llegó hace sólo una semana-, apoyando a los LA Galaxy en la Major League de Soccer, paseando por Santa Monica y gozando de la bohème norteamericana, donde el galán español no ha logrado pasar desapercibido entre sus enloquecidas fans. No obstante, Mario, quien se puede ver cada día más enamorado, no se ha separado de Berta en ningún momento. Ni siquiera por la más bella de las yanquis.


Asimismo, el clan Casas Sierra ha aprovechado para patinar por las calles de Pasadena, tomar el sol en la famosa playa de Venice Beach y visitar el gigantesco letrero de Hollywood en el monte Lee. Momentos que los artistas han compartido con sus seguidores y que ya acumulan más de 140.000 likes en sus redes sociales.


Ocupar el sitio de María Valverde y ser la gran odiada, ¿verdad Berta Vázquez?



El hacerse novia de un famoso suele ser directamente proporcional a ganar popularidad y seguidores en redes sociales, menos en el caso de Berta Vázquez. Se ha convertido en la gran odiada por todos los ultra fans de la pareja formada por Mario Casas y María Valverde antes de que ella llegara. Madre de amor hermoso, me he quedado alucinada con su twitter y la gente, poproseros.

Que digo yo que aquí en 3MSC muchas veces estamos con la coña de que nos cae un poco peor alguna celebritie cuando se liga a un cachondérrimo, pero siempre dentro del humor que nos caracteriza y desde el respeto vamos a ver. A Berta es que le ha caído una buena, ya le puede compensar el asunto... cualquier día lo deja por estrés, al tiempo.


Y digo yo que la pobre qué culpa tendrá de haberle gustado a Mario Casas, o quién sabe, aparecer cuando entre él y María Valverde ya no había nada. Que en el fondo no sabemos bien la historia. Cierto es que siempre ha sonado a cuernos o algo así por alguna perlita que ha soltado la eterna ex, que ha sido aquí la gran dejada pero... la verdad verdadera solo la saben ellos.



El otro día fue el 23 cumpleaños de Berta en Madrid y por allí andaba Mario, de celebración con ella en una discoteca de Madrid. Tal y como están las cosas no puede poner todavía una declaración amorosa en redes sociales porque se desataría una guerra mundial en twitter, o algo parecido.

Lo único que puso fue un 23 significativo, que rapidamente entendieron las fans y con el que corrieron a contestar las detractoras de esta nueva pareja. Ya hace un tiempecito que son novios estos dos ¿no? Igual va siendo hora de dejarlos vivir, mal que le pese a algunos, ¡digo yo!



Berta pasa de todo y total ella pensará, a mí que más me da, si la novia de Mario Casas soy yo.

¿Habrá ayudado María Valverde con sus declaraciones a este odio concentrado contra Berta? ¿Seguirá el resquemor protagonizando su vida o son ahora las fans de 'Tres metros sobre el cielo' las que tienen que pasar página de una vez? Ais el amor y las fans, las fans y el amor...Complicated.


Fuente: Poporosa

10 cosas que suceden cuando te enamoras por segunda vez.


Siempre pasa que después de una ruptura amorosa, los miedos se apoderan de ti, y pese que juras en nombre de todos las deidades que conoces, no volver a pasar por lo mismo, resulta que nunca es verdad, y cuando menos te lo esperas, el amor te tocó de nuevo, cuando pasa eso, seguro te sentirás justo como lo dice la lista anterior.

Esto es lo que pasa cuando te enamoras por segunda vez.


1.- Tu interior llega  asentir alivio y confort pues no dejaba de rondarte la idea de que en realidad jamás te volvería a pasar.

2.- No dejas de estar alerta, NO A LA DEFENSIVA, pero si consiente y con los ojos abiertos de las señales que anteriormente ignoraste. Ahora sabes que entregar a ciegas el corazón no es buena idea, duele, y duele mucho si lo haces con el equivocado.

3.- Tu relación anterior, te hizo pensar que sería eterna, ahora sin ella, crees que no lo superarás nunca, llega el nuevo amor y te das cuenta que la sonrisa ha vuelto, que si puedes superar, levantar la cara y seguir adelante.


4.- Las peleas son menos dramáticas y drásticas, pues te quedó entendido que la victoria no es de quien gana las batallas si no de quien sabe sobrellevar las guerras.

5.- Dejas de confiar en los cuentos de hadas, pues ahora sabes que es mejor tener a alguien de quien sigas enamorada aun cuando la tormenta interna de mariposas alborotadas por hormonas se calme.

6.- Ya no pierdes tiempo en demostrar y comprobar a los demás que estas feliz con ese alguien, ahora te encargas de en realidad hacerlo feliz, y gozar con cada fibra de tu ser lo mucho que él te hace feliz a ti, la relación es de ustedes dos, no de todo el mundo exterior.

7.- Con el Segundo amor te das cuenta  de tus errores y aunque no los puedes cambiar de la noche la mañana, si dedicas cierto tiempo a trabajar en ello y no dejar que sea lo que lo vaya a estropear esta vez.



8.- El amor va sin prisa, no tienes apuro en entregar el corazón, la vulnerabilidad no se te da, así que disfrutas el tiempo, lo masticas despacio. Te enamoras despacito, más consiente, más segura de que no es cualquier persona de la que te estas dejando llevar.

9.- Tienes más adjetivos calificativos positivos para tu relación que solo diversión, pues así como te enamoras despacito, poco a poco vas descubriendo esas características que le darán valor agregado a tu estancia en esa nueva y bella relación.

10.- Tu nueva relación es el detonante para ponerle el candado a ese círculo que cerraste de tu relación anterior, pues comprendes de la manera más bonita que debía terminar para poder así conocer este amor diferente, más lindo, más maduro, más selectivo.

Definitivamente esa segunda oportunidad de abrir el corazón para dejarte querer, es de las experiencias más gratificantes para el alma.

¡¡DISFRÚTALO Y YA!

Adiós, fue un placer conocerte.


La verdad es que nunca me han gustado las despedidas, para ser franca, siempre he preferido marcharme sin decir adiós ; sin embargo, esta vez lo haré distinto, pues a final de cuentas tengo tantas cosas que decirte, y muchas más que agradecerte.

Esta vez me toca aceptar que a pesar de todos los momentos que vivimos, es necesario este final, desafortunadamente en el corazón no se manda, y a pesar  de mis esfuerzos, de todo este amor que te daba, simplemente no pudiste enamorarte de mí, no hubo manera de que me pudieras amar.


No todos los finales tienen que terminar en orgullo, enojo y desesperanza, hay personas que llegan a nuestra vida para llenarnos de luz, de calma, cumplen su cometido y después se marchan.Me gusta creer que eso fuiste para mí, pues no puedo negar que me enseñaste tanto, que me ayudaste a crecer, a percibir la realidad de un modo distinto al que yo lo solía ver.

No puedo negar que mi pecho se oprime al decirte adiós, pero a pesar de que te digo adiós, no me quedo con el corazón roto, ni guardo rencor; por el contrario dejas un corazón agradecido, mucho más fortalecido.
Guardo para ti los mejores deseos,  que sea dichosa tu suerte, que cumplas tus sueños, que la vida te regale sonrisas y amor frecuente.
Solo te pido, que de vez en cuando y con cariño pienses en mí, créeme que por mi parte, será  siempre así.
Sin más que agregar, solo queda decir; buena suerte, fue un placer conocerte.

Ya no creo en ti, ya no soy esa tonta que se enamoró de ti.


La verdad me sorprende verte otra vez, pues  no entiendo cuál es el motivo que te hizo volver
Dices que te hago falta, que me extrañas, que hiciste mal en dejarme ir, que ningún beso se compara, que nadie pudo hacer surgir sentimientos en ti.


Dices que has cambiado, que nunca más volverás a fallar, que el tiempo te ha enseñado a valorarme, a quererme mucho más

Probablemente aun no comprendes todo lo que yo sufrí, aquellas noches de lágrimas, todas las lunas de insomnio dedicas a ti.

No entiendo tu egoísmo, ni tu insensatez al venir aquí, creo que en realidad, nunca me conociste bien, pues de haberlo hecho, sabrías que no hay manera reescribir la historia junto a mí,  sabrías que yo sí  sé cerrar ciclos, que cuando digo adiós, es porque nunca he de regresar, que por más que lo intentes, ya no hay nada que se pueda rescatar.

Debes de saber que ya no creo en tus palabras, ni mucho menos en tus promesas. Entiende que  he cambiado, que ya no soy la niña tonta que conociste ayer.

Si, el tiempo me ha enseñado que a pesar del llanto,  puedo perfectamente caminar sola, que no hay límite ni obstáculo que me impida ser feliz.

No, ya no soy aquella ingenua que creía en tus palabras, en tus falsas promesas, esas que con tanta facilidad rompías una y otra vez.


Lo siento mucho, no quiero mentir, no es que ya no te quiera, pero ahora sé que estoy mejor sin ti.

Te suplico que sigas tu camino, te sugiero que no vuelvas a insistir. Por favor evítame la pena de pedirte que te vayas, evítame la molestia de volverte a ver aquí

Llévate las rosas, también las promesas rotas, llévate tus mentiras muy lejos de mí.


Mi novio murió hace un año y yo he vuelto a enamorarme, ¿soy un monstruo?


Una historia sobre las contradicciones a las que nos enfrentamos tras la muerte de nuestros seres queridos

Podréis juzgarme todo cuanto queráis, pero nunca alcanzaréis a sentir el horror que yo sentí al ver el cuerpo de la persona que más habéis amado sin cabeza.

Es una imagen que no se borra de mi mente.
Es un castigo que sólo he podido superar haciendo borrón y cuenta nueva en mi corazón.
La cosa fue así.

Luis, que por muy bueno y sencillo que fuera tenía espíritu temerario, salió a dar una vuelta con su moto.
Eso le relajaba: la sensación de velocidad, la tensión por el peligro, el aire contra su cuerpo penetrando en una noche de asfalto y luces.
La única ventaja de vivir a las afueras era esa.

En la ciudad, él se agobiaba. Era incapaz de salir a hacer deporte por la montaña o de subirse a su diablo negro a tentar a la suerte.

Un día tentó a la suerte, tanto, que cuando la policía lo encontró, su cuerpo apareció a varios metros de la moto, completamente magullado y decapitado.
Esa noche habíamos tenido una tremenda discusión acerca de nuestro modo de vida.

Yo echaba de menos la ciudad, echaba de menos a mis amigos, y mi sentimiento de soledad en aquel pueblo al que nos habíamos mudado era tan grande que mi mente se había cegado con ideas impropias de mí, como por ejemplo la de tener niños.

Cuando ocho años atrás Luis y yo decidimos comenzar nuestra historia, sabíamos que la idea de un bebé no entraba en nuestros planes.

Él siempre ha sido muy independiente, muy solitario.

Podría decir que no le gustaba demasiado la gente, y que mi presencia era de las pocas que soportaba.

Supongo que por eso prefería que estuviéramos solos, que nos mudáramos a las afueras y que dedicáramos nuestra vida a cultivar nuestra relación y nuestras respectivas carreras, sin distracciones.
Así que cuando le eché en cara que por su culpa nunca sería madre y que acabaría podrida en aquella casa en el fin del mundo, dejó la cerveza que estaba tomando, se puso el casco plateado y dio un portazo.
Puedo imaginarme su furia.


Puedo imaginarme a Luis tomando velocidad, llamándome puta o culpándome en el interior de esa cabecita que minutos más tarde se separaría de su cuerpo tras el choque.

Puedo escuchar el latido de su corazón acelerando, y su grito de sorpresa o de dolor al chocar con aquel enorme ciervo. Puedo oler, todavía, el amasijo de entrañas de animal y de humano entremezcladas en el arcén cuando la ambulancia y la policía llegaron hasta el desastroso lugar del siniestro. No me siento culpable.

Y sin embargo no puedo arrancarme de la piel este sentimiento de impotencia , Realmente, yo nunca había deseado niños.
Lo único que quería era un poco de comprensión. Un poco de cariño, por su parte: yo había abandonado todo lo que me importaba porque, en realidad, lo que más me preocupaba era su felicidad.

Ha pasado un año desde la muerte de Luis.

Los papeles para arreglarlo todo han sido interminables, su familia me odia.

Conseguí vender la casa.

Conseguí volver a la ciudad y regresar a mi antiguo puesto de trabajo.

Conseguí no engancharme a ninguna clase de antidepresivo.

Hoy las cosas han cambiado mucho, como veis.

De hecho, han cambiado tanto que estoy enamorada de nuevo.


Hace un año y tres meses desde que mi novio se marchó, y yo he conseguido rehacer completamente mi vida y encontrar al hombre con quien quiero compartirla ,algunos amigos han dejado de hablarme por esto. Algunos familiares no entienden que todo haya podido cambiar tan rápido.

Creo que se piensan que soy frívola, que me he olvidado de Luis demasiado pronto, y que soy una egoísta por haberme puesto a pensar en otra cosa, en vez de guardar el eterno y pesado luto que aún todos le guardan.

No soy un monstruo.

Soy realista.



No estoy faltando al respeto al amor de mi vida.

Estoy curando el dolor con una nueva persona que ha sabido entenderme.

No estoy loca.

Sólo procuro irme cada día a la cama con un pensamiento puro y luminoso en la mente, y no con una imagen sangrienta, con una fotografía de un cuerpo al que antaño amé y que ahora no es más que ceniza en el mar.

Qué sabréis vosotros del amor.

Y qué sabré yo.

Únicamente me queda un pensamiento, y es al que me aferro:

No quiero un príncipe azul, solo quiero un hombre de verdad


No quiero un caballero de cuentos, no quiero un héroe que me rescate de las tinieblas, no quiero un hombre que me regale un flor cada día ni que llegue a mi búsqueda en un caballo blanco. Tampoco quiero poemas todos los días ni un hombre que se saque la chaqueta para ponerla en el charco de agua del suelo para que no me moje. No quiero esos amores de las películas ni de los cuentos de hadas, solo quiero un amor real y un hombre de verdad.
Quiero alguien que me de los buenos días y las buenas noches, quiero alguien con quien pueda conversar, quiero alguien que reciba mis besos y que me sorprenda con los suyos. Quiero alguien con quien tomarme una copa de vino y poder charlar hasta altas horas de la mañana y que eso sea suficiente para que seamos felices.



Quiero alguien que me apoye, que me abrace, que me haga cariño, que me entienda, que me diga cuánto me quiere y lo afortunado que se siente de tenerme a su lado. Quiero alguien que me diga “te amo” de mil maneras, no solo con las palabras, sino con detalles.

No quiero lujos, no quiero cosas materiales, solo quiero sentimientos, experiencias, recuerdos y sentir eso que nunca he sentido. Quiero alguien que muestre su interés por mí y mi vida, que me pregunte cómo va mi día, cómo están mis padres, amigos o hermanos.




Decir groserías no me hace menos señorita.


Estoy segura que muchas veces habrás escuchado la siguiente frase: ‘no digas eso, porque no es de señoritas’ y usualmente te la dijo tu madre o alguna figura femenina mayor que tú que buscaba preservar tus buenos modales y tu comportamiento. Esta idea nos ha acompañado por años y aunque no estoy diciendo que hablar utilizando sólo groserías sea algo bueno, lo que sí creo es que no debiese ser un comentario que se limitara sólo a las chicas. No sé ustedes, pero al menos yo nunca he escuchado a nadie decirle a un niño: ‘no digas eso porque no es de caballeros’, pero bueno, quizás me equivoco y la verdad es que espero que así sea.

Sin embargo, volvamos a nuestro tema y nuestro tema es que no importa cómo hablemos ni las palabras que utilicemos: decir o no decir las llamadas ‘groserías’ nos nos hace peores personas. ¿Cuántos de nosotros no utilizamos alguna de estas palabras cuando sentimos alguna emoción fuerte como frustración, rabia o sorpresa? Bueno, y si no las dices, lo más probable es que las hayas pensado. Una vez más quiero afirmar que no estoy promoviendo que todos utilicemos un lenguaje que sea más bien vulgar, sino que dejemos de ver las groserías ocasionales como algo que nos hace peores personas y en particular, algo que las mujeres definitivamente no pueden usar sólo por el hecho de ser mujeres.


¿Tenemos razones para usar groserías? pues claro, y son tan variadas como las personas que las usan: a veces esa palabra es justamente lo que logra expresar eso que sientes, a veces simplemente se siente bien, a veces te hace sentir más calmada, a veces es la única forma que tienes de expresar esa ira que sientes. Es hora de dejar de pensar que porque somos mujeres y porque usamos estas palabras somos menos ‘señoritas’ un término que es bastante ambiguo y que significa diferentes cosas para diferentes personas. No eres peor persona, no eres una mala mujer, no eres una chica ignorante, no te hace una mujer sin conocimiento: simplemente te hace una persona común y corriente que de vez en cuando decide expresarse con estas palabras y que sabe muy bien en qué contextos puede usarlo y en cuáles no.


La verdad es que puedes ser una dama y usar estas palabras. La verdad es que puedes demostrar que te respetas como mujer y como ser humano y seguir usando groserías para describir esa fuerte emoción que sentiste. Después de todo, una mujer y una dama no es definida por sus palabras sino que por sus acciones y sus acciones son más que impecables, muchas gracias. Por ejemplo, sabes que nunca te mentiremos porque te diremos exactamente lo que pensamos, incluyendo las palabras con las que lo pensamos, a la cara y sin ningún problema.

Lo más importante de todo es que una señorita, una dama y una mujer vive bajo su propia definición de lo que significa serlo. Somos mujeres decididas y con grandes personalidades y si nos dices una vez más que debemos ser ‘más señoritas’ te diremos que ya lo somos, bajo nuestros propios estándares. Al final del día lo único que importa es que es que tú misma te sientas cómoda con quien eres y con tu identidad. En el fondo, sigues siendo una señorita, da igual lo que digas o dejes de decir. La libertad es tuya y tus palabras y acciones también.



De hecho, puedo hablar como quiera y seguir siendo una dama.


PERDONAR NO ES RENUNCIAR A TU ORGULLO, PERDONAR ES ESTAR LISTA PARA COMENZAR DE NUEVO


Hablar sobre el perdón puede parecer cliché. Pero es que todos nos atrevemos a decir que debemos perdonar, pero en realidad pocos nos atrevemos a hacerlo. Lo cierto es que, perdonar es una de las pruebas más difíciles que enfrentamos los seres humanos.

Conozco muchos proverbios, he oído cientos de consejos y opiniones sobre el tema, he buscado en la literatura. He leído infinidad de artículos en Internet que hablan acerca de dejar ir el dolor que nos ha causado una herida emocional. He escrito en post-it frases que he encontrado acerca del perdón y las he pegado por todos lados. Aún así sé que perdonar no es sencillo. Que los consejos a veces suenan como fantasías. Sé que la brecha entre tomar la decisión de perdonar y sentir la paz que este nos otorga parece totalmente imposible de atravesar. Créeme que lo sé.


El perdón es un mundo imposible de habitar para los que anhelamos la justicia. Para quienes la simple idea de que la persona que nos ha hecho daño ande por ahí como si nada, nos enferma. Para quienes no queremos simplemente limpiar nuestras heridas, si no que queremos trasladar el dolor hacia la otra persona.  Para quienes queremos ver que la situación es igual para ambos lados. Para quienes queremos que el peso del dolor que estamos cargando ya no recaiga en nuestros hombros, si no en los de la persona que tanto mal nos hizo.

Perdonar se siente como si te traicionaras a ti misma. Te niegas a renunciar a la búsqueda de la justicia por lo que te han hecho. El odio, el coraje, y cientos de emociones negativas arden dentro de ti. Sientes que tu sistema bombea toxicidad. Sientes que estás envenenada y la única manera de curarte, es haciendo pagar a quien te dañó. Conozco muy bien esa sensación. Sé que cada latido va cargado de furia, cada parte de ti grita ¡Justicia!

Pero debes de saber algo muy importante acerca del enojo que sientes: Sólo es una emoción instrumental. Nos guardamos el enojo porque sólo a través de él podremos seguir buscando justicia. Porque nos es útil. Porque sin él, se apagarían esas ganas de querer que la situación sea igualitaria, y eso no sería justo. El enojo no se da cuenta de que el pasado ha quedado atrás, de que el daño ya está hecho y no hay nada que se pueda hacer. El enojo es el que te dice que la venganza hará que las cosas se arreglen, que la herida deje de doler. El enojo que sentimos busca justicia, sólo eso.



Pero la justicia que queremos, no es realista. Permanecer enojada es como si continuamente estuvieras arrancando la costra de tu herida porque crees que si se mantiene abierta, nunca tendrás una cicatriz. Piensas que, algún día, la persona que te dañó vendrá y suturará tu herida con una increíble precisión que no quedará ninguna cicatriz, será como si el corte jamás hubiera estado ahí. Pero el enojo no es más que el negarte a curar, y la razón es muy sencilla: tienes miedo. Te da miedo el no saber cómo vivir después de que tu herida haya sanado. No sabes cómo será tu nueva piel. Quieres seguir viviendo como antes. El enojo sólo hace que tu herida siga sangrando y así nunca cicatrice.

Cuando te encuentras en el campo de batalla, con el daño recién hecho provocando un dolor casi imposible de aguantar, el perdón se ve muy lejano. Por supuesto que quieres ser capaz de otorgarlo, porque en el fondo sabes que es lo más saludable para ti. Quieres -y necesitas- la paz que el perdón te ofrece. Quieres liberarte. Quieres que toda la revolución que está ocurriendo en tu cerebro se detenga, sin embargo no tienes idea de como llegar ahí.


Y en este punto llega a nuestra mente lo que muchas veces nos han dicho del perdón: No arreglará nada. Y es cierto, el perdón no es un borrador que limpiará el daño que te hicieron. No deshará el dolor que estás sintiendo, ni te concederá la paz inmediatamente. Encontrar la paz es una larga y muy difícil batalla. Hay que recorrer un largo camino, y el perdón es como el agua que te mantendrá hidratada mientras lo atraviesas.

El perdón es renunciar a la idea de un pasado diferente. Es entender que el pasado ya se terminó. Es saber que los escombros que el huracán que arrasó con tu vida dejó, jamás volverán a reconstruirse de la misma manera que antes.  Es aceptar que no hay una solución a lo que viviste, ni tampoco existe una poción mágica que borre el dolor que esto te ha causado. Es aceptar que, por más injusto que parezca, debes vivir un tiempo en las ruinas que quedaron. Ningún enojo te reconstruirá. Eso tienes que hacerlo tú misma.


Perdonar significa aceptar la responsabilidad, no para causar un daño, sino para limpiar tu alma. Es entender que la restauración de tu paz interior es una prioridad mucho mayor que la de buscar que la otra persona pague por lo que te hizo.

¡Ojo! Perdonar no significa que harás las paces con la persona que te dañó. No quiere decir que volverás a aceptarla en tu vida, o que convivirás con él o ella, ni mucho menos que apruebas lo que te hizo. Sólo significa que has aceptado el hecho de que han dejado una huella en ti. Y que, para bien o para mal, siempre llevarás esa marca contigo. Significa que la espera de ver llegar a quien te lastimó con el fin de curar tu herida, ha terminado. Es tomar la decisión de curar tu propia herida, sin importar que clase de cicatriz deje en ti, y aceptar que de ahora en adelante tienes que vivir con ella.


Perdonar no se trata de dejar que prevalezca la injusticia. Se trata de crear tu propia justicia, tu propio karma y tu propio destino. Se trata de ponerte de pie y seguir tu camino. De estar consciente que el resto de tu vida no tiene porque ser miserable, ni estar marcada por lo que te pasó. Significa seguir adelante con valentía, con la mirada hacia el futuro y no hacia el pasado. El perdón se trata de decidir que no vas a dejar que lo que te pasó te defina.

Perdonar no significa que vas a renunciar a tu poder, ni que vas a ser débil por el hecho de hacerlo. Significa que, finalmente, estás lista para comenzar de nuevo.

Carta para el futuro amor de mi vida.



¡Hola mi amor!

Es curioso, un tanto loco, porque aún no te conozco, ni tienes idea de cómo soy, y sin embargo, te escribo, te escribo porque es uno de esos momentos de inspiración.

Ya sé, que suena tan disparatado escribirle una carta a un desconocido, pero ¿por qué no?

Comenzaré diciéndote que nunca fui una chica que soñara con encontrar a su compañero perfecto, nunca fui de soñar con la gran boda, o la familia de ensueño , nunca estuvo en mis metas primordiales pronunciar las palabras “Felices por siempre” o “hasta que la muerte nos separe” creo que incluso con los años, sigue sin emocionarme.
Disculpa querido extraño que no hayas estado en mis pensamientos o formado parte de mis sueños, pero hoy que me ha dado por pensarte, déjame que te explique la forma en la que te imagino.
No eres para nada un príncipe azul, ni siquiera de algún tono distinto, tampoco eres el hombre perfecto, eres solamente un ser humano como yo, con defectos, con errores y miedos, con virtudes, con debilidades tal como el resto del mundo.
No eres justo lo que quiero, pero si lo que necesito para ser feliz, con distintos gustos, con pensamientos que no comparto, pero con otras tantas cosas en común. Espero que sepas respetar lo que siento, del mismo modo en que lo haré yo.


Soy una mujer de muchos planes, aunque quizá planear no sea del todo correcto, pues es cierto que a veces lo preestablecido resulta mal. Pero descuida que lo mío es distinto, pues son pequeñas cosas con las que me gusta soñar.

Espero que nuestras compatibilidades sean mucho más que nuestras diferencias,

Espero que te guste por ejemplo caminar descalzo en la hierba o dejar que las gotitas de lluvia mojen tu ropa, brincar juntos en los charcos, besarnos como si no existiera nada. Perdona, sé que puedo sonar, cursi y ridículamente romántica

Tal vez resulte que seas totalmente diferente a mí, que odies mi música o mi gusto por cantar en voz alta, pero te aseguro que con el tiempo aprenderás a disfrutarla y un día sin darte cuenta te descubrirás cantando junto a mí.

Puede que resulte que seas más bien tímido, no te preocupes, nos complementaremos, mira que eso de hablar, a mí se me da muy bien. No te angusties sé comportarme y portarme a la altura de cualquier lugar, pero debes saber que odio la rutina, así que sin dudarlo preferiré lo descomunal. Te haré reír, brincar, bailar, no le tengo miedo al ridículo y te aseguro que una cuantas risas no nos caerán nada mal.


Puede parecer excesivo, lo sé, pero aunque parezca contrario, amo también la tranquilidad, creo que nada se compara con poder disfrutar el silencio, y la calma, espero poder encontrar en tus ojos mi paz.

Te prometo, querido desconocido, que sabré ser tu apoyo, quien te aliente a seguir, hacerte sentir seguro y capaz de lograr absolutamente todo lo que quieras cumplir; te prometo ser tu sustento, no solo en los bueno, prometo permanecer cuando las cosas se pongan mal.

Prometo ser ese beso que cure tus heridas, espero que seas tú, el que me pueda sanar.

Y si te enfadas de mí, te aseguro que sabré aceptarlo, te prometo darte tu espacio y espero que comprendas que el mío también es sagrado; y es que hay momentos en que la soledad es la mejor compañía.

Puede parecer que pinto entre los dos un mundo perfecto, pero sé que no será así, comprendo que el amor es imperfecto, con días malos y muchos más buenos, con altibajos, con enojos, con descontentos, y sin embargo estoy segura que sabremos resolverlos, que sabremos luchar por lo nuestro.


Sabes cariño, entiendo que nada es eterno, tal vez un día llegue el momento de despedirnos, tal vez pasé que el amor se esfume solo en uno de los dos, y aunque será duro, tendremos que decirnos “Adiós” si no estamos destinados a permanecer juntos, prometo dejar que cada quien tome su rumbo, espero por tu parte, que entiendas que seguir sin sentimientos no es lo correcto
Quiero que sepas, que si eres tú el que toma la decisión de marcharte, sabré dejarte ir, no habrá nada de mí, que te obligue a quedarte, y admitiré con entereza que el amor no venció.
Si por el contrario pasa, que soy yo la que decide marcharse, espero que tengas claro que cuando tomo una decisión, no hay nada que me haga cambiar de opinión; aunque para ser sincera, si te encuentro algún día y compartimos tanto como describo arriba, sé que no querré jamás marcharme.
No sé cuándo te conoceré, por supuesto que no te buscaré, y es que el amor llega cuando menos te lo esperas, así que esperaré paciente que coincidamos en algún lugar, mirar tus ojos y saber que eres tú y nadie más.

Con mucho cariño, tu futuro amor.


Sólo nos enamoramos ingenuamente una vez en la vida…

Alguna vez escuché a alguien decir que “sólo nos enamoramos una vez en la vida”, y ahora sé que es cierto. En parte. Sólo una vez amamos de una manera tan intensa a alguien equivocado porque sólo una vez en la vida se es ingenua.

Esto no quiere decir que jamás volveremos a amar. Sí lo haremos, pero no de la misma forma. Cuando ese hombre que una mujer considera “el amor de su vida” le rompe el corazón, marcará un antes y un después. Sólo una vez confiamos a ciegas, y nos lanzamos al vacío sin paracaídas. Sólo una vez nos entregamos en cuerpo y alma pensando que él estará a nuestro lado.
Sólo una vez en la vida pensamos que quien está con nosotras nos amará con la misma intensidad con la que le amamos, y sólo una vez tendremos que comprender que cada quien ama de una manera diferente, y que eso no significa que no nos amen.

Escena de la película 3 metros sobre el cielo

Sólo una vez nos entregamos sin miedo a sufrir pues aún no conocemos esa horrible sensación que llega cuando alguien tan importante se va de nuestra vida. Sólo una vez pensamos que no nos fallarán, pues nos es imposible creer que alguien que nos ama nos pueda lastimar.

Sólo una vez en la vida estamos dispuestas a entregar todo por una persona; a perdernos en el intento de ser perfectas para él. Sólo una vez somos capaces de soportar todo y luchar hasta el final contra todos y todo para mantener el amor. Hay miles de cosas que sólo pasan una vez cuando somos inexpertas en el amor.

Además, sólo una vez caemos de golpe, porque sólo una vez dejamos que nos suban a la nube más alta, para ser lanzadas en picada desde ahí. Es como si con cada beso nos llenaran de oxígeno y luego, como a un globo, nos soltarán de repente. Cuando estamos más ilusionadas, la decepción nos hace caer.

Chica sentada en una montaña viendo un lago

Pero lo peor no es caer, es que mientras vamos cayendo en nuestra mente sólo hay un pensamiento: “Él estará abajo para sostenerme”. Y cuando llegamos abajo, el golpe duele el doble, porque él no está ahí. Entonces nos preguntamos mil veces: “¿qué fue lo que hice mal?”, “¿en que fallé?” Buscamos justificar todos sus errores creyendo que, quizá, la culpa fue nuestra.
Nos preguntamos qué hubiera pasado si hubiésemos hecho las cosas diferentes y nos encerramos en un mundo de historias imaginarias que siempre terminan con un reencuentro inesperado o un mensaje de perdón. Pero ninguna de las dos cosas suceden.
Así que, ten por seguro que sólo una vez en la vida pasarás por todo esto. Porque una vez que lo hemos vivido y hemos superado todo el proceso, jamás volveremos a permitir que algo así nos ocurra.
Es triste, pero una vez que nos han lastimado así, no volvemos a ser las mismas. El recuerdo siempre estará en nuestra mente. Pero sólo así podremos ser felices junto a alguien que en verdad valga la pena. Es así como nos damos cuenta cuáles son las cosas que jamás volveremos a permitir en una relación.
Lo bueno de todo esto es que sólo nos ocurrirá una vez en la vida. Sólo una vez tendremos una caída tan fuerte y sólo una vez en la vida nos levantaremos y saldremos adelante de algo tan doloroso. Cuando sucede todo esto, nos damos cuenta de que sólo una vez en la vida dejamos de ser esa niña ingenua que se enamoró a ciegas para convertirnos en una mujer que sabe lo que quiere cuando se enamora.