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10 cosas que suceden cuando te enamoras por segunda vez.


Siempre pasa que después de una ruptura amorosa, los miedos se apoderan de ti, y pese que juras en nombre de todos las deidades que conoces, no volver a pasar por lo mismo, resulta que nunca es verdad, y cuando menos te lo esperas, el amor te tocó de nuevo, cuando pasa eso, seguro te sentirás justo como lo dice la lista anterior.

Esto es lo que pasa cuando te enamoras por segunda vez.


1.- Tu interior llega  asentir alivio y confort pues no dejaba de rondarte la idea de que en realidad jamás te volvería a pasar.

2.- No dejas de estar alerta, NO A LA DEFENSIVA, pero si consiente y con los ojos abiertos de las señales que anteriormente ignoraste. Ahora sabes que entregar a ciegas el corazón no es buena idea, duele, y duele mucho si lo haces con el equivocado.

3.- Tu relación anterior, te hizo pensar que sería eterna, ahora sin ella, crees que no lo superarás nunca, llega el nuevo amor y te das cuenta que la sonrisa ha vuelto, que si puedes superar, levantar la cara y seguir adelante.


4.- Las peleas son menos dramáticas y drásticas, pues te quedó entendido que la victoria no es de quien gana las batallas si no de quien sabe sobrellevar las guerras.

5.- Dejas de confiar en los cuentos de hadas, pues ahora sabes que es mejor tener a alguien de quien sigas enamorada aun cuando la tormenta interna de mariposas alborotadas por hormonas se calme.

6.- Ya no pierdes tiempo en demostrar y comprobar a los demás que estas feliz con ese alguien, ahora te encargas de en realidad hacerlo feliz, y gozar con cada fibra de tu ser lo mucho que él te hace feliz a ti, la relación es de ustedes dos, no de todo el mundo exterior.

7.- Con el Segundo amor te das cuenta  de tus errores y aunque no los puedes cambiar de la noche la mañana, si dedicas cierto tiempo a trabajar en ello y no dejar que sea lo que lo vaya a estropear esta vez.



8.- El amor va sin prisa, no tienes apuro en entregar el corazón, la vulnerabilidad no se te da, así que disfrutas el tiempo, lo masticas despacio. Te enamoras despacito, más consiente, más segura de que no es cualquier persona de la que te estas dejando llevar.

9.- Tienes más adjetivos calificativos positivos para tu relación que solo diversión, pues así como te enamoras despacito, poco a poco vas descubriendo esas características que le darán valor agregado a tu estancia en esa nueva y bella relación.

10.- Tu nueva relación es el detonante para ponerle el candado a ese círculo que cerraste de tu relación anterior, pues comprendes de la manera más bonita que debía terminar para poder así conocer este amor diferente, más lindo, más maduro, más selectivo.

Definitivamente esa segunda oportunidad de abrir el corazón para dejarte querer, es de las experiencias más gratificantes para el alma.

¡¡DISFRÚTALO Y YA!

Adiós, fue un placer conocerte.


La verdad es que nunca me han gustado las despedidas, para ser franca, siempre he preferido marcharme sin decir adiós ; sin embargo, esta vez lo haré distinto, pues a final de cuentas tengo tantas cosas que decirte, y muchas más que agradecerte.

Esta vez me toca aceptar que a pesar de todos los momentos que vivimos, es necesario este final, desafortunadamente en el corazón no se manda, y a pesar  de mis esfuerzos, de todo este amor que te daba, simplemente no pudiste enamorarte de mí, no hubo manera de que me pudieras amar.


No todos los finales tienen que terminar en orgullo, enojo y desesperanza, hay personas que llegan a nuestra vida para llenarnos de luz, de calma, cumplen su cometido y después se marchan.Me gusta creer que eso fuiste para mí, pues no puedo negar que me enseñaste tanto, que me ayudaste a crecer, a percibir la realidad de un modo distinto al que yo lo solía ver.

No puedo negar que mi pecho se oprime al decirte adiós, pero a pesar de que te digo adiós, no me quedo con el corazón roto, ni guardo rencor; por el contrario dejas un corazón agradecido, mucho más fortalecido.
Guardo para ti los mejores deseos,  que sea dichosa tu suerte, que cumplas tus sueños, que la vida te regale sonrisas y amor frecuente.
Solo te pido, que de vez en cuando y con cariño pienses en mí, créeme que por mi parte, será  siempre así.
Sin más que agregar, solo queda decir; buena suerte, fue un placer conocerte.

Ya no creo en ti, ya no soy esa tonta que se enamoró de ti.


La verdad me sorprende verte otra vez, pues  no entiendo cuál es el motivo que te hizo volver
Dices que te hago falta, que me extrañas, que hiciste mal en dejarme ir, que ningún beso se compara, que nadie pudo hacer surgir sentimientos en ti.


Dices que has cambiado, que nunca más volverás a fallar, que el tiempo te ha enseñado a valorarme, a quererme mucho más

Probablemente aun no comprendes todo lo que yo sufrí, aquellas noches de lágrimas, todas las lunas de insomnio dedicas a ti.

No entiendo tu egoísmo, ni tu insensatez al venir aquí, creo que en realidad, nunca me conociste bien, pues de haberlo hecho, sabrías que no hay manera reescribir la historia junto a mí,  sabrías que yo sí  sé cerrar ciclos, que cuando digo adiós, es porque nunca he de regresar, que por más que lo intentes, ya no hay nada que se pueda rescatar.

Debes de saber que ya no creo en tus palabras, ni mucho menos en tus promesas. Entiende que  he cambiado, que ya no soy la niña tonta que conociste ayer.

Si, el tiempo me ha enseñado que a pesar del llanto,  puedo perfectamente caminar sola, que no hay límite ni obstáculo que me impida ser feliz.

No, ya no soy aquella ingenua que creía en tus palabras, en tus falsas promesas, esas que con tanta facilidad rompías una y otra vez.


Lo siento mucho, no quiero mentir, no es que ya no te quiera, pero ahora sé que estoy mejor sin ti.

Te suplico que sigas tu camino, te sugiero que no vuelvas a insistir. Por favor evítame la pena de pedirte que te vayas, evítame la molestia de volverte a ver aquí

Llévate las rosas, también las promesas rotas, llévate tus mentiras muy lejos de mí.


Carta a mi corazón


Querido corazón:

Puedo entender que aún te encuentres enojado conmigo, pensando que no procuro tu bienestar y que no me importas. Por eso hoy me atrevo a dirigirte este mensaje, para que conozcas la razón de mis acciones y puedas comprender un poco.

Sé que has sufrido mucho por mi causa, y que he tomado decisiones que no llegaste a entender en su momento, porque te hicieron pasar por grandes malestares, pero quiero que entiendas que lo que hice fue por tu bien, aunque aún no lo creas. Todo lo que he hecho ha sido pensando en ti. Ya hace un año de lo sucedido y sé que ahora, aunque aún estás un poco dolido, te encuentras más fuerte que al inicio. Quizá ahora estés listo para escucharme y entender… quizá estés listo ya para perdonarme por tanta pena y tantas lágrimas.

Quiero que sepas que eres un orgullo para mí. Después de todo lo que has pasado sigues entero, latiendo y bombeando sangre y vida a todo mi cuerpo. Aunque aún te sientas decaído, recordando lo sufrido, puedo sentir que eres fuerte y sé que al final estarás bien. Sé que, pese a todas las calamidades que has tenido que experimentar, también recuerdas los buenos momentos de alegría, de ilusión y de expectativas. Has reído y has llorado, y tienes que entender que de eso se trata la vida, de altas y bajas.



Créeme que sé muy bien por lo que estás pasando. Quizá desearías pertenecer a otra persona, una más racional, de esas que se comportan fríamente y abandonan todo sentimentalismo, protegiendo sus corazones como una coraza impenetrable. Pero te tocó estar en mí, una persona pasional, que se abre de par en par cuando se entrega, que sufre y llora cuando le va mal. Bien sabes que he intentado ser ese tipo de persona insensible e indiferente, pero simplemente no me sale, no soy así.

No obstante, puedo asegurarte que todo lo que has tenido que soportar a mi lado te ha hecho más fuerte y más valiente. Has ido madurando y aprendiendo a superar situaciones difíciles y complejas, tanto que ahora, con todo y lo que sufres, no estás derrotado, sino que sigues firme y en pie de lucha. ¡Qué orgullosa estoy de ti! Hoy celebro y reconozco tu valor, tu nobleza, tu dignidad y tu capacidad para levantarte aún ante las peores desgracias.

Te agradezco que aún creas en el amor y que sigas siendo para mí una fuente de emociones hermosas e indescriptibles. Te agradezco que aún te cautive un poema, que te emocione una buena película o que te llene de alegría una buena noticia. Te agradezco por luchar por lo que quieres, por ser honesto y franco en todo momento, y por nunca renunciar. Gracias por NO permitir que te pusiera una armadura de hierro para protegerte, pues sabes que eso significaría renunciar a todo lo bello que es sentir, aun con los momentos de sufrimiento que eso conlleva.


Hoy, pequeño gran corazón, te quiero expresar mi admiración y mi respeto. Sé que aún estás convaleciente, pero pronto te recuperarás, como ya lo has hecho antes. Por mi parte, me comprometo a cuidar mejor de ti y a ser más sabia en mis acciones y en mis elecciones. Ambos sabemos que nos tenemos el uno al otro y que así será hasta el final de nuestros días. También sabemos que merecemos la felicidad y que la llegaremos a encontrar.

Así que, mi querido corazón, ¡ha llegado la hora de levantarse, sacudirse el polvo y seguir a paso firme como siempre, en busca de esa felicidad anhelada!

Sé que juntos podemos lograrlo.



Idea original: Ivy

Fría como el hielo







Todos decían que ella carecía de sentimientos. Que la ¨soledad¨ había llenado su vida de amargura y había endurecido su corazón. Es fácil juzgar cuando no se conoce la otra parte de la historia, cuando solo se puede ver la carcasa y no el interior. Lo irónico era que ¨todos¨ desconocían que ella había amado antes. Que su capacidad para hacerlo era impresionante y que inclusive deseaba volverlo a hacer; pero ésta vez, ésta vez a alguien que la amase de la misma forma en que ella sabía hacerlo.



Hay personas que dicen que el amor falla, que el amor duele y no es así. Fallan las personas y duelen sus acciones. El amor es el sentimiento más grande y puro que mueve al mundo, sin embargo existen personas incapaces de valorar dicho sentir. Ese tipo de personas se habían atravesado una y otra vez en su camino. En realidad el error era de ella, quien dejaba entrar fácilmente a las personas a su corazón sin que estos hicieran el más mínimo esfuerzo por hacerlo.

En el ayer era de esas mujeres que dan todo a manos llenas. De esas manzanas que están en lo más alto del árbol y que solía mirar como nunca era elegida, solo las que solían estar más debajo. Se preguntaba una y otra vez si algo estaba mal con ella, cuando la realidad es que no, nada estaba mal, ¡ella era impresionante! Pero su altura asustaba a todos aquellos que se acercaban. Entonces, un día decidió bajarse para ser alcanzada con facilidad y así fue. Fue elegida no una sino muchas veces. Fue de error tras error. Rasgando poco a poco su corazón. Sin embargo, después de cada fracaso continuaba situándose en la misma posición; por ello la escena se repitió tantas veces como ella lo permitió.

En sus relaciones, ella era la que conquistaba, la detallista, la que llamaba, la que buscaba y la que más demostraba. Pero el amor es de dos. No importa cuánto ame una de las partes, eso no es suficiente para mantener una relación en pie. Se necesita de dos, pues a la larga es desgastante para quien entrega todo y no recibe nada, solo migajas. Sin embargo solía ser perseverante; se entregaba completamente sin dudarlo y al final lo único que conseguía era quedar vacía y rota.


Se culpaba de ir de fracaso en fracaso. No importaban sus cualidades; si era fiel, amorosa, detallista y divertida… sus relaciones siempre terminaban iguales. Siempre elegía el mismo patrón de hombre, esos hombres que se aman asimismo  y que disfrutan del que los amen, pero no saben amar. Esos que te prometen mil cosas pero que al final del día no cumplen si quiera la más pequeña. Esos que te hacen espacio en su cama más no en su corazón. De los que no perdonan ni el más mínimo error pero que son expertos en cometer fallos. De los que se ¨enamoran¨ del exterior, pero huyen cuando conocen tu interior. Y en su última relación, cuando ella amó profundamente eso ocurrió…


Él, se enamoró de sus flores, no de sus raíces y en otoño no supo que hacer.


Cansada de tanto tropiezo, de lágrimas derramadas y de los sentimientos de culpa, creó un muro en su corazón, uno tan grande que difícilmente podría ser derrumbado. Trabajó cuanto pudo para volverse a sentir digna de volver a estar en lo más alto del árbol. Pasó incontables noches en la oscuridad de su cuarto llorando. Reprochándose una y otra vez errores del pasado.

Nunca culpó a nadie más. Ella sabía que como hay hombres que simplemente no saben amar ni valorar, hay otros que lo hacen exquisitamente. Se culpaba ella, por no darse el valor que quería que otros le dieran. Por amarse tan poco y no dejar escalar a alguien que de verdad la quisiera alcanzar.

Pasó días en vela recordando sus constantes tropiezos. El sinfín de veces que permitió que la hirieran. Las acciones del otro que pasaba por alto solo por mantener a alguien a su lado. Los días de invierno que le congelaban la piel. Los besos que repartió a quien los recibía sin merecer. La rabia que le provocaba el saberse tan poco valorada. El precio tan alto que había pagado solo por no estar sola, por creer que estarlo era malo, cuando lo malo era sentirse así teniendo a alguien al lado.


Poco a poco fue recuperando la confianza en sí misma. Aprendió que para amar hay que amarse uno mismo. Saber nuestro valor para hacérselo saber a los demás. Obtener lo que merecemos y no conformarnos con lo poco que nos ofrezcan. Aprendió que la soledad es mala consejera pero excelente amiga. Que con ella puedes descubrir tantas cosas de ti que antes desconocías. Poco a poco sanó sus heridas y se reconstruyó. Juntó pedazo por pedazo su corazón y de nuevo lo armó.



"NO SE VOLVIÓ FRÍA POR DECISIÓN, SI NO POR ELECCIÓN "

No había más camino, era el continuar siendo lastimada o levantar dichos muros que creó. Volvió a posicionarse en lo más alto del árbol y de ahí no se ha bajado. Sabe perfectamente que quien llegue tendrá que escalar si de verdad la quiere conquistar. Ella ya no demuestra más de la cuenta. No baja su valor para ser alcanzada. ¡Ella se quiere, se valora y se respeta! No vive en soledad y tampoco vive esperando. Sabe que en algún momento llegará aquello tan anhelado. Esa persona que le saque sonrisas. Que haga vibrar su corazón y que erice su piel. Alguien que no le cree cuentos sino que le muestre realidades. Que tenga la madurez para asumir un compromiso. Que sepa que el amor debe empezar por uno mismo y luego debe ser compartido. Alguien con quien se sienta en libertad; con quien vuele y la deje volar. Que le saque sonrisas y lágrimas de felicidad. Alguien en quien se pueda apoyar, que le preste su hombro si algo tiene que penar. Que le comparta sus deseos, sus planes y anhelos. Que la incluya en su futuro y que la tome de la mano para enfrentar el mundo.

Ella ya no baja más la guardia. Ya no expone su corazón a quien no sabe de amor. No muestra sonrisas y no es detallista si no lo merecen. No da más de lo que recibe. No se muestra como una mujer sensible. Dejó de lado los detalles. ¡Ya no se expone más! Su verdadero ¨yo¨ solo lo mostrará, con quien la logre enamorar.

En algún momento ella volverá a amar. Abrirá su corazón y se entregará completamente. Dará lo más puro de sí y será sincera, pero mientras pase ella es fría como el hielo dice la gente.

PERDONAR NO ES RENUNCIAR A TU ORGULLO, PERDONAR ES ESTAR LISTA PARA COMENZAR DE NUEVO


Hablar sobre el perdón puede parecer cliché. Pero es que todos nos atrevemos a decir que debemos perdonar, pero en realidad pocos nos atrevemos a hacerlo. Lo cierto es que, perdonar es una de las pruebas más difíciles que enfrentamos los seres humanos.

Conozco muchos proverbios, he oído cientos de consejos y opiniones sobre el tema, he buscado en la literatura. He leído infinidad de artículos en Internet que hablan acerca de dejar ir el dolor que nos ha causado una herida emocional. He escrito en post-it frases que he encontrado acerca del perdón y las he pegado por todos lados. Aún así sé que perdonar no es sencillo. Que los consejos a veces suenan como fantasías. Sé que la brecha entre tomar la decisión de perdonar y sentir la paz que este nos otorga parece totalmente imposible de atravesar. Créeme que lo sé.


El perdón es un mundo imposible de habitar para los que anhelamos la justicia. Para quienes la simple idea de que la persona que nos ha hecho daño ande por ahí como si nada, nos enferma. Para quienes no queremos simplemente limpiar nuestras heridas, si no que queremos trasladar el dolor hacia la otra persona.  Para quienes queremos ver que la situación es igual para ambos lados. Para quienes queremos que el peso del dolor que estamos cargando ya no recaiga en nuestros hombros, si no en los de la persona que tanto mal nos hizo.

Perdonar se siente como si te traicionaras a ti misma. Te niegas a renunciar a la búsqueda de la justicia por lo que te han hecho. El odio, el coraje, y cientos de emociones negativas arden dentro de ti. Sientes que tu sistema bombea toxicidad. Sientes que estás envenenada y la única manera de curarte, es haciendo pagar a quien te dañó. Conozco muy bien esa sensación. Sé que cada latido va cargado de furia, cada parte de ti grita ¡Justicia!

Pero debes de saber algo muy importante acerca del enojo que sientes: Sólo es una emoción instrumental. Nos guardamos el enojo porque sólo a través de él podremos seguir buscando justicia. Porque nos es útil. Porque sin él, se apagarían esas ganas de querer que la situación sea igualitaria, y eso no sería justo. El enojo no se da cuenta de que el pasado ha quedado atrás, de que el daño ya está hecho y no hay nada que se pueda hacer. El enojo es el que te dice que la venganza hará que las cosas se arreglen, que la herida deje de doler. El enojo que sentimos busca justicia, sólo eso.



Pero la justicia que queremos, no es realista. Permanecer enojada es como si continuamente estuvieras arrancando la costra de tu herida porque crees que si se mantiene abierta, nunca tendrás una cicatriz. Piensas que, algún día, la persona que te dañó vendrá y suturará tu herida con una increíble precisión que no quedará ninguna cicatriz, será como si el corte jamás hubiera estado ahí. Pero el enojo no es más que el negarte a curar, y la razón es muy sencilla: tienes miedo. Te da miedo el no saber cómo vivir después de que tu herida haya sanado. No sabes cómo será tu nueva piel. Quieres seguir viviendo como antes. El enojo sólo hace que tu herida siga sangrando y así nunca cicatrice.

Cuando te encuentras en el campo de batalla, con el daño recién hecho provocando un dolor casi imposible de aguantar, el perdón se ve muy lejano. Por supuesto que quieres ser capaz de otorgarlo, porque en el fondo sabes que es lo más saludable para ti. Quieres -y necesitas- la paz que el perdón te ofrece. Quieres liberarte. Quieres que toda la revolución que está ocurriendo en tu cerebro se detenga, sin embargo no tienes idea de como llegar ahí.


Y en este punto llega a nuestra mente lo que muchas veces nos han dicho del perdón: No arreglará nada. Y es cierto, el perdón no es un borrador que limpiará el daño que te hicieron. No deshará el dolor que estás sintiendo, ni te concederá la paz inmediatamente. Encontrar la paz es una larga y muy difícil batalla. Hay que recorrer un largo camino, y el perdón es como el agua que te mantendrá hidratada mientras lo atraviesas.

El perdón es renunciar a la idea de un pasado diferente. Es entender que el pasado ya se terminó. Es saber que los escombros que el huracán que arrasó con tu vida dejó, jamás volverán a reconstruirse de la misma manera que antes.  Es aceptar que no hay una solución a lo que viviste, ni tampoco existe una poción mágica que borre el dolor que esto te ha causado. Es aceptar que, por más injusto que parezca, debes vivir un tiempo en las ruinas que quedaron. Ningún enojo te reconstruirá. Eso tienes que hacerlo tú misma.


Perdonar significa aceptar la responsabilidad, no para causar un daño, sino para limpiar tu alma. Es entender que la restauración de tu paz interior es una prioridad mucho mayor que la de buscar que la otra persona pague por lo que te hizo.

¡Ojo! Perdonar no significa que harás las paces con la persona que te dañó. No quiere decir que volverás a aceptarla en tu vida, o que convivirás con él o ella, ni mucho menos que apruebas lo que te hizo. Sólo significa que has aceptado el hecho de que han dejado una huella en ti. Y que, para bien o para mal, siempre llevarás esa marca contigo. Significa que la espera de ver llegar a quien te lastimó con el fin de curar tu herida, ha terminado. Es tomar la decisión de curar tu propia herida, sin importar que clase de cicatriz deje en ti, y aceptar que de ahora en adelante tienes que vivir con ella.


Perdonar no se trata de dejar que prevalezca la injusticia. Se trata de crear tu propia justicia, tu propio karma y tu propio destino. Se trata de ponerte de pie y seguir tu camino. De estar consciente que el resto de tu vida no tiene porque ser miserable, ni estar marcada por lo que te pasó. Significa seguir adelante con valentía, con la mirada hacia el futuro y no hacia el pasado. El perdón se trata de decidir que no vas a dejar que lo que te pasó te defina.

Perdonar no significa que vas a renunciar a tu poder, ni que vas a ser débil por el hecho de hacerlo. Significa que, finalmente, estás lista para comenzar de nuevo.

La carta más vista del mundo .. de un Padre a su hija




Tom Attwater es un padre que tiene un tumor cerebral y esta en una etapa terminal , le quedan pocos días de vida. Por ende, decide hacerle una conmovedora carta a su hija quien tiene cáncer del cual se a recuperado pero es muy posible que recaiga de nuevo.

A  continuación la carta.











Mi sobrino, el hijo que siempre querré y nunca tendré


“Me enseñó a creer y a no llorar por nadie, porque el amor más sincero lo tenía con él”.

A los 11 años supe que mi hermana de tan solo 19 esperaba un bebé. En un comienzo, sentí celos porque ya no sería la más pequeña de la casa, pero conforme crecía su panza, con ella crecía mi curiosidad por saber a quién se parecería o cómo sería.

Después de un largo tiempo de intriga el día llegó. Mientras esperaba afuera de la sala de parto, comencé a escuchar el llanto de un niño. Sentí una emoción inexplicable, pero muy gratificante. Cuando lo vi ya aseado en su cuna, fue mucho mejor de todo lo que había imaginado hasta ese minuto. Él dormía y yo no podía contener mis ganas de abrazarlo y besarlo. Fue una sensación única que recuerdo hasta hoy.


El tiempo comenzó a pasar, y mi sobrino a crecer. Yo con 14 años solo quería disfrutar de la vida, conquistar el mundo, salir y conocer. Pero con él me pasaba algo extraño, algo fuera de lo normal para una chica de mi edad. Me transformaba, y todos esos sentimientos y deseos característicos de una típica adolescente desaparecían. Solo quería estar con él, para siempre. Si se caía y lloraba quería llorar con él.Las navidades no tenían más sentido que ver cómo reaccionaría cuando Papá Noel le trajera sus regalos.

A medida que crecía, su carácter ya se empezaba a revelar. Sorpresivamente muy parecido al mío. Comenzaron los cuestionamientos y las preguntas: ¿De dónde vienen los bebés? ¿Quién es mi papá?, a lo que yo solo podía contestar como me hubiese gustado lo hicieran conmigo. Cuando la situación era la contraria y él me veía llorar a mí, sin entender nada, su instinto lo llevaba a querer solucionar las cosas con un beso, con un abrazo o juego.


No lo sentía como un sobrino, tampoco como un hijo, era un amor distinto, un amor incondicional que es difícil de explicar. Pero jamás querré a mis hijos de esta manera. Jamás los querré menos, sino que los querré de una manera diferente. ¿Por qué? Porque mi hijo no me vio llorar cuando tenía 3 años, porque no verá mis clásicos errores de típica adolescente, no me verá sufrir por tontos amoríos de quinceañera, ni podrá consolarme con besos o chucherías. Él no me verá frágil como ahora. No porque no lo sea, sino porque es natural mirar a tu madre como alguien fuerte. Él verá a una mujer madura que solo tratará de guiarlo por el mejor camino para evitar que cometa los mismos errores que ella.

Mi sobrino vivió mis errores conmigo y a su manera me trató de ayudar. Junto a él iba aprendiendo a ser más paciente, a volver a estudiar esas lecciones de primaria que no disfrute de la misma manera que con él. A ser un mejor ejemplo, porque sin duda alguna los niños son los mejores imitadores, su futuro es tu reflejo. Me enseñó a creer, a imaginar que una simple silla con ruedas podía ser un avión y a no llorar por nadie porque el amor más sincero lo tenía con él.



Lo quiero como a un hijo, y lo cuido como tal, pero lo trato como a un hermano y esa complicidad nos ha permitido tener la relación que hoy tenemos.

Simplemente, es el mejor regalo que me pudo dar la vida.

A mis hijos los amaré con tal intensidad, pero probablemente el trato sea distinto. En lugar de ser cómplices de aventuras, me preocuparé de disciplinarlos…

¡Gracias sobrino! Eres el hijo que siempre querré y nunca tendré,

Te amo.

Artículo por Francia Briones Salgado


Carta al padre de mis hijos: te lo estás perdiendo.



Te lo estás perdiendo todo por no venir a verlos
¿Qué pasa cuando el padre de tus hijos se pierde la oportunidad de conocerlos y verlos crecer? Aquí la carta que le escribiría al padre de mis hijos, que se está perdiendo todo.



No estoy enojada contigo, siento pena por ti”.
Te estás perdiendo de todo.

Te miré mientras dejé mi corazón en tu apartamento, la primera vez que sostuviste a los chicos en más de un mes, y una vez más recordé tu realidad. Vi el vacío en tus ojos. El mismo vacío que siempre vi yo.El mismo vacío que intenté llenar conmigo. Con mi amor. Con tus hijos.


Escuché tu voz raspada de tanto fumar la noche anterior. Supe que habías dormido todo el día, porque te sentías demasiado enfermo como para moverte. Entendí que te sentías fatal y supe que no serías capaz de cumplir con tu obligación hacia nuestros hijos.
Pude oler tu resaca. Y recordé verte así cada fin de semana durante años. Sentí cómo mi corazón se hundía en mi estómago mientras alejaba el dolor de verte así y de tener que dejar a mis hijos bajo tu cuidado. El dolor de los recuerdos que volvieron como un torrente.
Te sonreí y pretendí que todo estaba bien. 

Pretendí no darme cuenta de la verdad, y sólo te pregunté si estabas bien. Me dijiste que sí, pero yo sé la realidad. No estás bien.
Se supone que debes ser un hombre. Un hombre al que puedan admirar. Un hombre al que quieran parecerse cuando crezcan. Un hombre que les enseñe cómo ser hombres. Te aman, e incluso ahora te admiran, pero no les estás enseñando a ser hombres, y ciertamente no pueden contar contigo.


Me enviaste un mensaje de texto esa misma noche, sólo unas horas después de que me fui, y supe que era lo que te negabas a admitir. “Sé que no quieres oír esto y que probablemente lo usarás en mi contra de algún modo, pero estoy vomitando mucho y no puedo dejar de sudar. Me está asustando un poco. Y no, no he bebido“.

Supe que estabas con efectos de abstinencia. Pude verlo venir horas antes. Ésta no fue la primera vez, y no será la última.

Para ser honesta, me alivió el recibir tu mensaje. Incluso sin admitirlo o sin reconocer la fuente real de tu malestar, estaba feliz de traer a mis hijos de vuelta a casa. Mi instinto de mamá supo que me necesitaban y que tú no estabas en un estado en el que fueras capaz de cuidarlos. Así que gracias, por lo menos, por ser lo suficientemente inteligente para admitir que no podías cuidarlos esas noches. Incluso si no puedes admitir el por qué.


Ya no siento ira hacia ti. Por lo menos no de la forma en que la sentía antes. Ahora siento tristeza, y me consume cuando te veo. Me da lástima tu situación y las personas que caen con tus mentiras y halagos. Desearía que las cosas fueran diferentes. Pero ya te he dejado ir.
No quise desear que dejaras ir a los chicos, pero la verdad es que ya lo has hecho. Mientras intentas tragar de un sorbo todo tu tiempo con ellos, yo disfruto de ellos a cada minuto. Mientras te acuestas con Dios sabe quién, yo soy quien les enseña a atornillar los clavos en su banca de plástico.
Mientras duermes abrazado a tu resaca, yo abrazo a nuestros hijos. Mientras tú “sales” con varias personas, bueno, yo también lo hago. Con 3, para ser exactos. Pero los míos son amores que durarán toda la vida,mientras que los tuyos sólo durarán una noche. Mientras tú creas excusas,yo creo recuerdos. Te sorprendes por las cosas que saben y me cuentas como si fuera algo desconocido para ambos.
Yo sé lo inteligentes que son. Yo soy quien les está enseñando las cosas que saben. Te sorprendes cuando ves que se abrazan entre ellos. Yo sé lo dulces que son. Aprendieron a amar gracias a mí. Mientras tu egoísta sólo vives por ti mismo, perdido en esta vida que tanto dices amar, te estás perdiendo de todo.




No sabes que los chicos han comenzado a vestirse solos. No sabes cuáles son sus comidas o canciones o juegos favoritos. No sabes que todos aman bailar. No sabes que quieren jugar fútbol y que serán muy buenos en ello. 

Es muy probable que no vayas a sus entrenamientos y juegos. Seré yo quien los anime, y será mi rostro el que buscarán entre las personas.

No sabes cómo enseñarles a ser caballeros, porque tú sigues siendo un pequeño niño perdido. Te estás perdiendo de todo.
Cuando nacieron mi mundo cambió. El tuyo siguió siendo igual. Te perdiste la belleza de lo que creamos juntos y la profundidad de tu rol. Nunca quisiste ese rol en realidad, pero lo aceptaste, y ahora te estás perdiendo de todo.
Ya no estoy enojada contigo. Sólo siento pena por ti, porque tú te estás perdiendo de todo, y yo no.



Esta mujer ADOPTA a las cuatro hijas de su mejor amiga después de que muriera de CÁNCER

Esta historia comenzó como una promesa entre dos amigas, y terminó uniendo a dos familias en una. Elizabeth Diamond fue diagnosticada en el 2014 con cáncer cerebral en etapa 4. Como madre soltera de 4 pequeñas, su mayor preocupación era el futuro de sus hijas cuando todo hubiera terminado.

Laura Ruffino, su mejor amiga desde el quinto grado, le hizo una promesa justo después de que se le diagnosticara la enfermedad. “Si algo me sucede, quiero que te hagas cargo de mis niñas” —le pidió Elizabeth. Laura inmediatamente aceptó.

























En abril llegó el momento de que Laura, junto con su esposo Rico (con el que tiene dos hijas propias), cumplieran su promesa. Elizabeth falleció a la edad de 40 años, y a partir de entonces sus 4 hijas, de edades entre los 5 y los 12 años, fueron adoptadas por su mejor amiga.


El crecimiento repentino de la familia Ruffino no ha sido nada fácil. Su casa es pequeña, y los gastos se han incrementado considerablemente. Pero, afortunadamente, ellos no están solos es esto. Elizabeth Diamond co-fundó junto con Rebecca Joy Lesniak el Centro de Bienestar de Buffalo, una organización no lucrativa, holística, a través de la cual se dedicó a ayudar a los demás. Ahora es momento de que todo su esfuerzo sea recompensado.


Lesniak y el resto de la comunidad del Centro de Bienestar han creado una cuenta para recaudar fondos y ayudar financieramente a la familia Ruffino. La historia se ha extendido por toda la web y hasta el momento se han recaudado 24 mil dólares.


Los Ruffino se están adaptando a su nueva vida de la mejor manera posible, y con la ayuda de los demás poco a poco están saliendo adelante, cumpliendo la promesa más importante de sus vidas. Esta es su frase:


Hace diez años, no pensamos que nuestra vida sería de esta manera. Pero si estas cosas llegan a ti, simplemente hay que aceptar el reto y hacer lo mejor que se pueda




LO MEJOR QUE PUEDES HACER EN TU VIDA ES PERDONAR Y OLVIDAR. ¡APRENDE A VIVIR SIN RENCOR!


El perdón es uno de los temas más controversiales para la mayoría de las personas. Hay quienes creen que es la única manera de soltar lo que nos ata al pasado. Otros piensan que no se puede perdonar a quien nos ha hecho demasiado daño. Y otros tantos creen que perdonar es fácil y lo verdaderamente complicado es olvidar. Lo cierto es que perdonar y olvidar son dos cosas muy difíciles de hacer, y sólo los valientes pueden lograrlo.

Para poder perdonar, primero hay que entender que quien nos dañó no es mejor persona que nosotros, y que otorgarle nuestro perdón no nos hace más débiles. Cuando una persona nos lastima solemos guardarle rencor, coraje, odio y más sentimientos negativos que sólo envenenan nuestra alma. Es como cargar un costal de piedras, mientras la otra persona va por la vida como si nada. Cuando perdonamos, nos liberamos y nos quitamos ese peso de encima.


Si perdonas y olvidas te darás cuenta de que las cosas dejarán de doler. Además, eliminarás de tu vida a esas personas que sólo te contaminan. ¡Sé valiente! Perdona. Cuando alguien te pida perdón, dáselo. Puede que te parezca muy difícil, pero aún así oblígate a hacerlo. Por más dolor que te hayan causado, libérate. Cuando lo hagas, te aseguro que te sentirás mucho más ligera, tranquila y feliz.

Si una persona te lastimó y no tuvo el valor para pedirte perdón, de todos modos perdona, pero sobre todo, olvida. Por mucho que se te dificulte, obliga a tu mente a no recordar las cosas que te han hecho tanto daño. No vale la pena gastar tu tiempo recordando cosas que sólo te harán sufrir. Tú eres fuerte y tienes la suficiente madurez para perdonar. Eso sólo demostrará el gran valor y respeto que le tienes a tu persona.

La clave para vivir feliz y en paz es perdonar y olvidar. Desechar de tu vida los malos recuerdos. Hacer más ligera la carga que llevas en tus hombros. Alzar la mirada y enfocarte en lo que está adelante. Voltear hacia atrás no sirve de nada.


Vivir con una herida en el alma no te hará bien, pero tampoco le hará mal a la persona que te dañó. Vivir lastimada sólo hará que tu vida se contamine de cosas negativas. Así que ten el coraje suficiente para perdonar, y esfuérzate por olvidar. En cualquier situación de la vida. A cualquier persona. Perdona, olvida y continúa tu camino sin mirar atrás. Sé feliz y disfruta lo que la vida tiene para ofrecerte cada día.


Entrevista a Mario Casas , el galan de moda.

Mario Casas: “El 20D hay que salir a hablar”

Entrevista con el actor Mario Casas que reflexiona sobre su carrera, la industria audiovisual, habla de su manera de ser y opina sobre el 20D

Mario Casas posa para los fotógrafos en el hotel Palace en la presentación de 'Palmeras de papel' ante la prensa / Eduardo Parra (Getty Images)


Fuma tranquilo. Pantalón pitillo, americana de diseño y gafas de sol redondeadas. Existe en él una atractiva elegancia que se aparta de los cánones tradicionales del galán de cine y de revista de moda. No es un gentleman al uso el que da caladas a su cigarro en la puerta de las oficinas en Madrid de Warner Bros Pictures. No lo es porque en Mario Casas no hay pose fingida. Todo en él parece más normal que lo que suele rodear a una estrella mediática de tal magnitud. Da la mano con firmeza para saludar. En unos minutos, comenzará la entrevista. Termina su cigarro antes de pasar. Le aguarda una larga tarde de entrevistas promocionales de su última película, 'Palmeras en la nieve', cuya fecha de estreno es el 25 de diciembre.

La charla tiene lugar en la pequeña sala de cine de Warner España. De nuevo, Mario extiende su mano educadamente y acorta distancias con una cálida sonrisa. ¿Qué estarías haciendo si no tuvieras que estar aquí de promoción? "En casa, viéndome alguna serie o con mi familia, con mi hermanito que tiene un año y poco. Soy bastante familiar e intento ser bastante terrenal". Sentados en primera fila, en dos butacas contiguas, Mario se gira para mirar cara a cara a su entrevistador, para mantener una conversación normal. En todo momento, este gallego de 29 años -aunque criado en Barcelona- favorece que aquello no parezca una entrevista promocional, sino una tranquila charla de media tarde.

"Soy de los que me encanta levantarme, ponerme cualquier cosa e irme al bar que está a tres minutos de mi casa, que me conocen de toda la vida y hablo con todo el mundo. Ese es el tipo de vida que me gusta", comenta.

- ¿Cómo es ese bar?

- "Un bar normal... como el del anuncio de la Lotería. Ya saben lo que pido siempre y me lo ponen"

- ¿Qué te ponen?

- "Café y pincho de tortilla. Lo tomo solo. Además, por las mañanas necesito un punch de cafeína. Amo el café. Me puedo tomar como cuatro o cinco cafés al día".

Desde hace un tiempo, Mario ha optado por dejarse crecer la barba. Sus fans, que son muchas y muchos, dirán que puede hacer lo que quiera, que siempre saldrá favorecido. Lo cierto es que, con barba o sin ella, Mario mantiene un punto travieso en su mirada, de pillo. "Vivo en el campo, no vivo en la ciudad. Nunca me ha gustado la ciudad porque mis padres me han criado en el campo, en Galicia, en Barcelona y, aquí en Madrid que estamos juntos, en el campo". Mario, que ahora viaja de un lado para otro encadenando rodajes y promociones de película, dejó su Galicia natal siendo un niño para recalar en un pueblo de la provincia de Barcelona. Antes de alcanzar la mayoría de edad, ya se había echado la manta a la cabeza y se aventuró a probar suerte en un complicado oficio: el de actor. "Con 17 años me vengo de Barcelona a Madrid a estudiar interpretación. Tenía esa idea de, al menos, intentarlo. Con 21 años, con 'Los hombres de Paco', 'Fuga de cerebros'… ahí uno se da cuenta de que siendo muy joven te están dando la oportunidad y te empiezas a sentir, poco a poco, más hombre y más actor. Yo podía decir que, desde que era pequeñito quería ser actor. Tenía esa película dentro de mi cabeza, pero hasta que no te haces más mayor y te vas convirtiendo en un hombre, me parece que no te empiezas a dar cuenta de quién eres. Eso equivale también a la profesión", apunta.


- ¿Cómo de difícil es ser Mario Casas?

- "No creo que sea difícil. Como actor, a mí me están dando la oportunidad de cumplir mi sueño y de hacer lo que me gusta. Y me siguen dando la oportunidad año tras año. No es difícil. Yo decidí ser actor, yo tomé ese camino… Nadie me ha puesto una pistola en la cabeza y me ha dicho: 'tienes que ser actor y la gente te va a conocer'. Es parte de ello. Que siendo actor la gente te conozca y te apoye -que es lo que yo siento- no es una cosa difícil".

Mario comenta asombrado el recibimiento que tuvo la pasada semana en la premier de 'Palmeras en la nieve'. Cientos de fans que aguardaban durante horas para poder ver de cerca a su ídolo. Por eso, este chico de campo, asume los agobios que puede suscitar moverse por la ciudad: "Si estás en Madrid y te vas a tomar un café o vas a comprar, en ese impasse de una hora, a lo mejor te has hecho 40 fotos". Se antoja complicado pensar en cómo reaccionaría cualquier persona, con los problemas que cada uno arrastra, ante una situación similar. A rostros tan mediáticos como Mario, la sociedad les exige una continua sonrisa


"Una persona feliz que se deja la piel por quién sea y humilde"


No le falta razón a Mario cuando se lamenta de tanta gente que cree conocerlo por entablar conversaciones puntuales con él. De tanta gente que opina sobre él, más allá de juicios críticos de su trabajo como actor: "A veces, por ser más serio, por respetar, porque no quieres meter la pata… te pueden prejuzgar. Y eso me parece un error. Primero tienes que conocer, hablar con esa persona. Los prejuicios y el querer decir cómo es una persona en un hola o en un adiós me parece un error. Es la mirada de los de fuera la que hace que parezcas que eres una cosa u otra, pero no es así", reflexiona.

Un chico de 29 años sobre el que están puestos muchos ojos. Los de Christian, su hermano de 23 años, ven a un apasionado de su trabajo: "yo diría que es lo que más le gusta. Es su pasión y lo disfruta como un niño", afirma Christian. "Siempre le he conocido como una persona feliz y haciendo reír a todos los que están a su alrededor; detallista, se deja la piel por quién sea y humilde. Podría definirle como simpático, familiar y con un corazón enorme".

Al mostrar a Mario, durante la entrevista, las palabras con las que su hermano se refiere a él, no puede evitar sonrojarse. "Mario es una persona muy tranquila, que no le gustan las discusiones y siempre busca que haya un buen ambiente; podría decirse que le enfadan las injusticias o la hipocresía", ha explicado Christian a la SER que, de su hermano Mario, destaca "su bondad, dar todo a cambio de nada, que en un mal día siempre este él para sacarte una sonrisa y en cuanto a lo profesional, sin duda alguna toda su trayectoria como actor".

Está sorprendido Mario por las palabras de Christian, le quita hierro. "Son las palabras de un hermano…", acierta a decir con una gran sonrisa. "Me parece un detalle muy bonito por su parte", señala sin querer autodefinirse el mismo, le parece feo. "Creo que la gente que mejor te puede hablar de mí es la gente que realmente me conoce, que son amigos y mi familia"..


- He leído en alguna entrevista que, aunque conozcas a mucha gente, tienes muy claro quiénes forman parte de tu círculo personal, que no son muchos. ¿Siempre ha sido así o es algo que has ido aprendiendo?

- "Es como la vida misma. Uno en la vida se puede llevar muchos chascos. Estoy al borde de los 30. Desde que tú aprendes qué es la amistad, con 12 ó 13 años, te llevas muchos palos a lo largo de la vida. A mí me gusta tener un círculo pequeño. Me he llevado chascos por eso, porque a veces he escuchado cosas de gente que tenía alrededor -no amigos, pero sí conocidos- que han dicho cosas que no son ciertas o, conociéndome, han hablado de mí demás", relata. "Todo eso, a la larga, me ha hecho ser más reservado. Eso es una de las cosas que me da más pena. A mí me daba igual todo, era más cabra loca… Tenía una manera de ser en la que me daba igual lo que dijeran. Ahora no me da igual lo que diga la gente que yo tengo a mi alrededor. No quiero que se hable de mí porque sí. Eso sí me da un poco más de miedo y hace que te escondas un poco más de lo que tú puedas hacer"


- En la película, que por momentos es muy emotiva, hay frases como "Siempre estaré a tu lado; aunque no puedas verme, allí estaré". ¿Alguien te ha dicho eso a ti en la vida real o tú se lo has dicho a alguien?

- "Sí, sí lo he dicho, sí [sonríe y se sonroja]. Son frases que entran dentro del amor, que todos sentimos. Hablo del amor de hermanos, de amigos o pareja. De repente, pasan cosas en la vida y que, por lo que sea, se rompen y esas frases uno las siente dentro y las escucha. Me parece interesante, ya no solo referirla a la pareja, sino por amistades: este camino se acaba aquí, pero seguro que nos encontramos en otro momento más adelante"

- Por ahí te he leído también repetir que tú no has cambiado, por más que lo digan de ti. ¿En verdad no has cambiado?

- "Cuando uno se va haciendo mayor, la vida te va transformando. Pero si me miro y me preguntas qué veo dentro de mí, creo que sigo siendo el chaval que estaba en Barcelona antes de venirse de viaje a Madrid a probar suerte. Yo sigo viendo eso dentro de mí. Muchas veces, cuando hay gente que no la ves durante años, y cuando vuelves a verla vuelves como una persona más madura puede chocar. Pueden decir: "está más serio, más borde". Creo que no hay que juzgar, aunque te conozcan o aunque no"

Los miedos y quejas del Mario actor


"Muchas veces la gente echa balones fuera… pero es que la mayoría de las veces las cosas no nos llegan a nosotros", apunta Mario sobre algunas personas en los que confían sus carreras profesionales, lamentándose de que el actor, a veces, desconoce la existencia de una propuesta de trabajo, de entrevista, de colaboración… porque, sencillamente, se la han escondido.

Rozando los 30 años, la carrera de Mario comprende casi una veintena de series y películas en las que, en la mayoría, él ha desempeñado el rol de protagonista o secundario muy principal. Con series como 'SMS' (laSexta), 'Los hombres de Paco', 'El barco' (Antena 3)… la televisión lo catapultó a la fama; lo que facilitó que las puertas del cine se le abrieran de par en par. Primero películas más comerciales, con un enfoque más adolescente, 'Fuga de cerebros', 'Mentiras y Gordas', 'A tres metros sobre el cielo'… Después llegarían las cintas que descubrían al Mario más hombre, al que dejaba atrás a aquel adolescente: 'Grupo 7', 'Ismael', 'Las brujas de Zugarramurdi'… No ha vuelto a hacer series, tan solo cine.




- Pensar ahora que te puede llegar una mala racha que te deje durante bastante tiempo sin proyectos se antoja casi imposible. ¿Alguna vez, siendo más joven, tuviste ese temor?

- "Lo tengo todavía. El principal miedo del actor es no volver a trabajar aunque ahora estés trabajando. Por ejemplo, con 'Palmeras en la nieve': se espera mucho de ella, dicen que va a ser bastante taquillera. ¿Y si no funciona? En primavera se estrena 'Toro' [otra película protagonizada por Mario] y supón que tampoco funcionase. Y en septiembre que se estrene 'Contratiempo' y que tampoco funcionase. ¿Tú crees que yo no tengo el miedo de que, de repente, haga dos o tres pelis seguidas que no funcionen y no me vuelvan a llamar?.

 Ese miedo es constante, pero ese miedo es necesario para seguir creciendo como actor y como persona. Necesitas esa vibración. Y es una vibración real que hemos vivido en la historia del cine en EEUU, en España… hoy estás aquí y mañana, no".

Resulta curioso e interesante que Mario, aún hablando de su profesión y de su evolución como actor, sus palabras guarden una relación directa con su crecimiento personal.

- Hay una escena en la que tu personaje tiene que evitar la mordedura de una serpiente venenosa que alguien ha puesto en su habitación. ¿En tu profesión has tenido que lidiar con serpientes?

- "No, la verdad es que no. Pero porque yo no me he querido meter en la selva. Creo que si quieres encontrar serpientes y que te muerdan -y más en estos mundos tan difíciles de la música, de la interpretación, del deporte…-, lógicamente, te van a morder. Pero yo no me he metido en la selva. Me he quedado mirándola desde fuera y nunca me ha pasado. Al revés, me he encontrado otros animalitos, que no muerden tanto [sonríe] y que son maravillosos. En esta profesión me he encontrado a gente espectacular"

- ¿Crees que dentro de la industria se te prejuzga demasiado? ¿Piensas que otros actores que, como tú empezaron muy jóvenes y han experimentado una evolución actoral a lo largo de diferentes proyectos, ya hubieran estado nominados a Goya y premios importantes?

- [Sonríe] "Pues no lo sé, la verdad", dice pensativo.





 - ¿A veces te enfadas con la industria? - 

"La objetividad no existe. Habrá gente a la que le guste lo que hago otra gente que no. Yo no soy el que vota. Pero este año me he hecho académico y animo a la gente joven a que se haga académica, a actores nuevos que salen… para que tengan gente joven y voten otro tipo de cosas también, como el cine que hace taquilla en este país. Me parece importante que se premie y a veces no se premia. No me enfada, pero me parece injusto que en 'Palmeras en la nieve' no se nomine la Fotografía (con Xavi Giménez, que hace un trabajo bestial), no se nomine en Efectos Especiales… No hay película española este año más grande en efectos especiales que 'Palmeras'. Es una barbaridad el trabajo que tiene esta película en este apartado".

Mario habla de las nominaciones a los Premios Goya de 2016, que se conocieron este lunes, un día antes de la realización de la entrevista. Aunque no hable de enfado, sí que se percibe en su gesto una mezcla de rabia y decepción. Las cinco nominaciones que ha recibido la película le saben a poco y, quizá, su queja sea de justicia, pues 'Palmeras en la nieve' ha quedado fuera de las categorías más codiciadas. "Hay unos puntos ahí que sí me indignan; creo que la película tiene unas cosas técnicas que se han olvidado y no sé por qué. Ahí si veo injusticia. O como con Berta [Vázquez]. Me parece que Berta está de Goya y no ha habido nominación. A veces, realmente… Por eso me he querido hacer académico y a ver el año que viene cómo funciona"

- La verdad es que Berta está maravillosa en la película, da vida a un personaje que nada tiene que ver con el que interpreta en 'Vis a vis'. Esta muy bien.

- "Por eso te digo, que no lo he entendido. [Dice asombrado] Me parecía obvio en la categoría de revelación, por el personaje, porque tenía algo muy atractivo… La verdad es que yo lo daba por hecho"

¡Claro que Mario Casas va a votar!


La parte final de la entrevista, con el responsable de prensa avisando de que el tiempo se agota sirve para saber que el 0-4 del Barça en el Bernabéu es el último partido que Mario ha podido ver, lo que no evita que lo diga con una sonrisa pícara. O sirve también para entrar en un terreno farragoso para un personaje de su popularidad: la política.

- ¿Viste anoche el cara a cara entre Rajoy y Pedro Sánchez?

- "Lo vi por Twitter porque estaba con un pase de la película. Me gusta estar informado en todos los sentidos: política, deportes, telebasura…"

- No me digas que ves 'Sálvame'…

"No, 'Sálvame' no… pero, a lo mejor, algo de 'Gran Hermano' sí he visto. Igual que puedo ver en algún momento algo de 'Gran Hermano' para adormilarme un poco, veo 'Salvados' o veo el debate de El País por internet. Me gusta ver todo tipo de cosas. Y sí, en cuanto salimos de este pre-estreno que hubo, llegué a casa y no pude ver el cara a cara, pero me vi los vídeos que suben en internet, me vi los memes… Me gusta ver ese tipo de información"

No se ha destacado nunca Mario por ser un actor que haga ruido con afirmaciones políticas ni que se posicione abiertamente. Quizá por ello habrá quien piense que estos temas no son de su interés. Error, Mario se muestra muy convencido de que el próximo 20 de diciembre es una fecha importante en la que él quiere aportar su granito de arena:

"El principal miedo del actor es no volver a trabajar aunque ahora estés trabajando"

"Desde que aprendes qué es la amistad, con 12 ó 13 años, te llevas muchos palos en la vida"

"Sigo siendo el chaval que estaba en Barcelona antes de venirse a Madrid a probar suerte"
- A tu personaje en 'Palmeras' le dicen "uno nunca olvida el lugar que le ha visto nacer". ¿Cómo ves tú, con 29 años, tu país? ¿Cómo ves España?

- "Ahora mismo la veo manchada. Creo que estamos en un momento de desconcierto, con la población desconcertada, sin saber hacia dónde vamos o hacia dónde no vamos. Esta ambigüedad es complicada porque crea miedos e inseguridades. Pero creo que esto nos va a hacer más fuertes y, pensando ahora mismo en el 20D, me parece que hay salir a hablar y a firmar"

- ¿Vas a ir a votar?

- "¡Hombre, pues claro! [ríe] Pues sí, lógicamente. Como te digo, yo quiero tener ahí mi palabra, mi firma. Aunque nunca me quejo públicamente, ni me gusta, sí que quiero pelear con los míos en nuestro círculo".



Se acaba la charla. Una última pregunta antes de que Mario deba atender al siguiente periodista: si el año que viene hiciéramos esta entrevista en ese bar al lado de tu casa, ¿qué te gustaría contarme que te ha pasado en este tiempo? "Cada vez el tiempo pasa más rápido para mí. Para mí, un año es un mes. Me está pasando el tiempo volando. Lo primero que se me ocurre es que todo esté igual. No por lo profesional, que no creo que sea lo más importante. Si nos vemos en una entrevista dentro de uno o dos años, me gustaría estar feliz personalmente y que no me haya pasado nada grave en mi vida personal. Si uno está bien en lo personal y se siente feliz, después ya vienen las cosas secundarias como el trabajo. Me gustaría decir que soy feliz, como lo soy ahora, y que la gente que está a mi lado está bien".

"Ha sido un placer", dice Mario que dedica una nueva sonrisa y otro apretón de manos a modo de despedida. En su butaca, el vaso de café vacío que se ha bebido durante la entrevista. Mario se queda en la sala de cine. Probablemente, en pocos lugares esté más tranquilo y más feliz este chico apasionado de su trabajo y amante de los suyos que, en las distancias cortas, desborda naturalidad y normalidad.