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5 maneras en las que te das cuenta que has encontrado a una mejor amiga para toda la vida.




La palabra amistad suele ser en repetidas ocasiones la más fragmentada y sobrevalorada, no siempre tienes a tu lado a alguien de manera incondicional.

A lo largo de la vida conoces a muchos buenos y verdaderos amigos, sin embargo, es muy difícil que todos se queden, y caminen toda la vida siguiéndose los pasos y disfrutando de su compañía y locuras.

Pero a veces la vida hace regalos de esos que si son para siempre, y te pone en frente de ese ser tan igual y al mismo tiempo diferente, es como tu verdadero complemente es lo que tú no,  y no estoy hablando de una pareja sentimental, en realidad sigo hablando de la amistad, es ahí cuando la vida te ha regalado a la mejor amiga que te durará toda la vida.

Te vamos a dejar una que pequeña lista para que si aún no sabes que es con ella con la que te harás viejita contando y haciendo historias nuevas, te quede claro de una vez, esta es la lista de las 5 cosas en las que te das cuenta que encontraste a tu mejor amiga para toda la vida.


1.- No se aburren haciendo nada.

No necesitan el mega plan, incluso muchas veces no hay nada establecido y las charlas entre ustedes son incomparables. Muchos podrían hasta pensar que son pareja, pues la complicidad no da para menos, peor solo ustedes saben el grado de amistad que las rodea, hablan de todo y nada, y los días juntas o las llamadas son por mucho la mejor parte del día.

2.- No hay baúl de secretos.

Son más transparentes que como si fueran hermanas, saben todos sus secretos y no les avergüenzan los temas que podrían parecer incomodos de tener que hablarlos con alguien más.  Ella sabe todo de ti, tú de ella pues como dije se complementan, no te juzgará y de ella tendrás los mejores consejos para esa enredadera que a veces traes a cuestas.


3.- Tu botellita de autoestima.

Para ella siempre serás linda y no dudará en decírtelo, del mismo modo lo hará cuando elegiste mal el atuendo, te ha visto en tus mejores días y en los que las moscas dudan en posarse en ti, es decir, tu apariencia  no es algo que debas cuidar cuando estas con ella.

4.- Te emociona la llegada de su gran día.

Ya estás planeando el discurso que dirás como su dama de honor en su boda, ya quieres verla feliz y toda enamorada diciendo que sí en el altar. Es imposible no odiarlo un poquito pues se la llevará de tu lado, las cosas cambiarán pero siempre serán las mejores amigas y cómplices, sabes que lo querrás también pues ella lo ama y la hace feliz. Esperas con ansias ese emotivo día de su vida, incluso a veces esperas más su boda que la tuya.

5.- Pese a TODO, siempre estarán juntas.

Quizá la distancia les juegue bromas, o la pesada rutina las aleje de verse cara a cara tan seguido como acostumbraban pero sin importar lo pesado del camino, ustedes siempre saben que una contará con la otra. No hay kilómetros suficientes para dejar de sentirse como una familia que pudieron escoger.



Conforme trazamos nuestro camino de vida, conocemos muchos tipos de amor, pero ten por seguro que jamás encontraras uno tan ´puro, tan completo, tan incondicional, complaciente, irreverente, loco, y tan igual como el que compartes con tu mejor amiga de toda la vida.

Una carta para la mejor amiga que he tenido.


Una amistad que perdura y que ha sobrevivido a los peores momentos posibles, es sin duda la mejor amistad que alguien podría tener. Por mi vida han pasado personas y se han ido, pero aquellas que se quedan son las que más valen la pena. Así lo he aprendido. Y hoy quiero dedicarte estas palabras a ti, mi mejor amiga.

Has estado conmigo en las buenas y en las malas. Cuando me llegué a sentir derrotada, siempre conté con tu mano cálida que me ayudó a levantarme. Has tenido el valor de decirme las cosas honestamente, aún cuando no me agraden, porque sabías que era necesario mostrarme la verdad.

No hay duda de que mejor amiga no pude tener. Has estado siempre para mí, sin condiciones. He tenido tu apoyo en mis peores momentos y aún cuando haya pasado el tiempo y no hayamos podido vernos con la misma frecuencia de antes, tú sigues ahí, dispuesta a escucharme, a ser mi confidente, a hacerme reír por cualquier tontería, a sacarme de un apuro o a consolarme en momentos duros.

Hemos compartido tanto tiempo juntas que ya nos conocemos a fondo. Sabes de mis gustos y mis desagrados. Conoces mis sueños y mis metas. Sabes lo que me entristece, lo que me enoja, y también lo que me alegra y lo que me enternece. Siempre has sido sincera conmigo y me has sido leal en todo momento, y eso es algo que te agradezco profundamente. Por ser como eres, te considero no sólo una amiga, sino la mejor amiga que jamás haya podido tener.


Si escribiera una lista de todo lo que tengo que agradecerte seguramente me llevaría mucho tiempo y aún así se quedaría corta. ¿Sabes? Eres una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Contigo aprendí a ser fuerte, a no derrumbarme ante las adversidades. En su momento nos llegamos a disgustar, pero nuestro vínculo siempre ha sido más fuerte que cualquier pelea tonta que hayamos tenido.

Te agradezco, mi amiga, por ser mi paño de lágrimas cuando así lo necesité. Te agradezco por escucharme cuando he tenido algo importante qué decir. Gracias por todo el tiempo que hemos pasado juntas. Ahora puedo decir que no sólo somos amigas, sino hermanas. Tú eres la hermana que yo elegí.

Te agradezco enormemente tus consejos, aún cuando a veces fui un poco testaruda y no te hice caso. Gracias por las horas que pasábamos charlando sobre nuestras ilusiones y desilusiones amorosas. Gracias por aguantarme en mis peores días, en los cuales ni mi familia me soportaba. Gracias por preocuparte tanto por mí.

Ahora sé que eres la mejor amiga que he tenido… ¡y la que siempre tendré!





***
Información: Ser Mejor Persona


No quiero un príncipe azul, solo quiero un hombre de verdad


No quiero un caballero de cuentos, no quiero un héroe que me rescate de las tinieblas, no quiero un hombre que me regale un flor cada día ni que llegue a mi búsqueda en un caballo blanco. Tampoco quiero poemas todos los días ni un hombre que se saque la chaqueta para ponerla en el charco de agua del suelo para que no me moje. No quiero esos amores de las películas ni de los cuentos de hadas, solo quiero un amor real y un hombre de verdad.
Quiero alguien que me de los buenos días y las buenas noches, quiero alguien con quien pueda conversar, quiero alguien que reciba mis besos y que me sorprenda con los suyos. Quiero alguien con quien tomarme una copa de vino y poder charlar hasta altas horas de la mañana y que eso sea suficiente para que seamos felices.



Quiero alguien que me apoye, que me abrace, que me haga cariño, que me entienda, que me diga cuánto me quiere y lo afortunado que se siente de tenerme a su lado. Quiero alguien que me diga “te amo” de mil maneras, no solo con las palabras, sino con detalles.

No quiero lujos, no quiero cosas materiales, solo quiero sentimientos, experiencias, recuerdos y sentir eso que nunca he sentido. Quiero alguien que muestre su interés por mí y mi vida, que me pregunte cómo va mi día, cómo están mis padres, amigos o hermanos.




Decir groserías no me hace menos señorita.


Estoy segura que muchas veces habrás escuchado la siguiente frase: ‘no digas eso, porque no es de señoritas’ y usualmente te la dijo tu madre o alguna figura femenina mayor que tú que buscaba preservar tus buenos modales y tu comportamiento. Esta idea nos ha acompañado por años y aunque no estoy diciendo que hablar utilizando sólo groserías sea algo bueno, lo que sí creo es que no debiese ser un comentario que se limitara sólo a las chicas. No sé ustedes, pero al menos yo nunca he escuchado a nadie decirle a un niño: ‘no digas eso porque no es de caballeros’, pero bueno, quizás me equivoco y la verdad es que espero que así sea.

Sin embargo, volvamos a nuestro tema y nuestro tema es que no importa cómo hablemos ni las palabras que utilicemos: decir o no decir las llamadas ‘groserías’ nos nos hace peores personas. ¿Cuántos de nosotros no utilizamos alguna de estas palabras cuando sentimos alguna emoción fuerte como frustración, rabia o sorpresa? Bueno, y si no las dices, lo más probable es que las hayas pensado. Una vez más quiero afirmar que no estoy promoviendo que todos utilicemos un lenguaje que sea más bien vulgar, sino que dejemos de ver las groserías ocasionales como algo que nos hace peores personas y en particular, algo que las mujeres definitivamente no pueden usar sólo por el hecho de ser mujeres.


¿Tenemos razones para usar groserías? pues claro, y son tan variadas como las personas que las usan: a veces esa palabra es justamente lo que logra expresar eso que sientes, a veces simplemente se siente bien, a veces te hace sentir más calmada, a veces es la única forma que tienes de expresar esa ira que sientes. Es hora de dejar de pensar que porque somos mujeres y porque usamos estas palabras somos menos ‘señoritas’ un término que es bastante ambiguo y que significa diferentes cosas para diferentes personas. No eres peor persona, no eres una mala mujer, no eres una chica ignorante, no te hace una mujer sin conocimiento: simplemente te hace una persona común y corriente que de vez en cuando decide expresarse con estas palabras y que sabe muy bien en qué contextos puede usarlo y en cuáles no.


La verdad es que puedes ser una dama y usar estas palabras. La verdad es que puedes demostrar que te respetas como mujer y como ser humano y seguir usando groserías para describir esa fuerte emoción que sentiste. Después de todo, una mujer y una dama no es definida por sus palabras sino que por sus acciones y sus acciones son más que impecables, muchas gracias. Por ejemplo, sabes que nunca te mentiremos porque te diremos exactamente lo que pensamos, incluyendo las palabras con las que lo pensamos, a la cara y sin ningún problema.

Lo más importante de todo es que una señorita, una dama y una mujer vive bajo su propia definición de lo que significa serlo. Somos mujeres decididas y con grandes personalidades y si nos dices una vez más que debemos ser ‘más señoritas’ te diremos que ya lo somos, bajo nuestros propios estándares. Al final del día lo único que importa es que es que tú misma te sientas cómoda con quien eres y con tu identidad. En el fondo, sigues siendo una señorita, da igual lo que digas o dejes de decir. La libertad es tuya y tus palabras y acciones también.



De hecho, puedo hablar como quiera y seguir siendo una dama.


PERDONAR NO ES RENUNCIAR A TU ORGULLO, PERDONAR ES ESTAR LISTA PARA COMENZAR DE NUEVO


Hablar sobre el perdón puede parecer cliché. Pero es que todos nos atrevemos a decir que debemos perdonar, pero en realidad pocos nos atrevemos a hacerlo. Lo cierto es que, perdonar es una de las pruebas más difíciles que enfrentamos los seres humanos.

Conozco muchos proverbios, he oído cientos de consejos y opiniones sobre el tema, he buscado en la literatura. He leído infinidad de artículos en Internet que hablan acerca de dejar ir el dolor que nos ha causado una herida emocional. He escrito en post-it frases que he encontrado acerca del perdón y las he pegado por todos lados. Aún así sé que perdonar no es sencillo. Que los consejos a veces suenan como fantasías. Sé que la brecha entre tomar la decisión de perdonar y sentir la paz que este nos otorga parece totalmente imposible de atravesar. Créeme que lo sé.


El perdón es un mundo imposible de habitar para los que anhelamos la justicia. Para quienes la simple idea de que la persona que nos ha hecho daño ande por ahí como si nada, nos enferma. Para quienes no queremos simplemente limpiar nuestras heridas, si no que queremos trasladar el dolor hacia la otra persona.  Para quienes queremos ver que la situación es igual para ambos lados. Para quienes queremos que el peso del dolor que estamos cargando ya no recaiga en nuestros hombros, si no en los de la persona que tanto mal nos hizo.

Perdonar se siente como si te traicionaras a ti misma. Te niegas a renunciar a la búsqueda de la justicia por lo que te han hecho. El odio, el coraje, y cientos de emociones negativas arden dentro de ti. Sientes que tu sistema bombea toxicidad. Sientes que estás envenenada y la única manera de curarte, es haciendo pagar a quien te dañó. Conozco muy bien esa sensación. Sé que cada latido va cargado de furia, cada parte de ti grita ¡Justicia!

Pero debes de saber algo muy importante acerca del enojo que sientes: Sólo es una emoción instrumental. Nos guardamos el enojo porque sólo a través de él podremos seguir buscando justicia. Porque nos es útil. Porque sin él, se apagarían esas ganas de querer que la situación sea igualitaria, y eso no sería justo. El enojo no se da cuenta de que el pasado ha quedado atrás, de que el daño ya está hecho y no hay nada que se pueda hacer. El enojo es el que te dice que la venganza hará que las cosas se arreglen, que la herida deje de doler. El enojo que sentimos busca justicia, sólo eso.



Pero la justicia que queremos, no es realista. Permanecer enojada es como si continuamente estuvieras arrancando la costra de tu herida porque crees que si se mantiene abierta, nunca tendrás una cicatriz. Piensas que, algún día, la persona que te dañó vendrá y suturará tu herida con una increíble precisión que no quedará ninguna cicatriz, será como si el corte jamás hubiera estado ahí. Pero el enojo no es más que el negarte a curar, y la razón es muy sencilla: tienes miedo. Te da miedo el no saber cómo vivir después de que tu herida haya sanado. No sabes cómo será tu nueva piel. Quieres seguir viviendo como antes. El enojo sólo hace que tu herida siga sangrando y así nunca cicatrice.

Cuando te encuentras en el campo de batalla, con el daño recién hecho provocando un dolor casi imposible de aguantar, el perdón se ve muy lejano. Por supuesto que quieres ser capaz de otorgarlo, porque en el fondo sabes que es lo más saludable para ti. Quieres -y necesitas- la paz que el perdón te ofrece. Quieres liberarte. Quieres que toda la revolución que está ocurriendo en tu cerebro se detenga, sin embargo no tienes idea de como llegar ahí.


Y en este punto llega a nuestra mente lo que muchas veces nos han dicho del perdón: No arreglará nada. Y es cierto, el perdón no es un borrador que limpiará el daño que te hicieron. No deshará el dolor que estás sintiendo, ni te concederá la paz inmediatamente. Encontrar la paz es una larga y muy difícil batalla. Hay que recorrer un largo camino, y el perdón es como el agua que te mantendrá hidratada mientras lo atraviesas.

El perdón es renunciar a la idea de un pasado diferente. Es entender que el pasado ya se terminó. Es saber que los escombros que el huracán que arrasó con tu vida dejó, jamás volverán a reconstruirse de la misma manera que antes.  Es aceptar que no hay una solución a lo que viviste, ni tampoco existe una poción mágica que borre el dolor que esto te ha causado. Es aceptar que, por más injusto que parezca, debes vivir un tiempo en las ruinas que quedaron. Ningún enojo te reconstruirá. Eso tienes que hacerlo tú misma.


Perdonar significa aceptar la responsabilidad, no para causar un daño, sino para limpiar tu alma. Es entender que la restauración de tu paz interior es una prioridad mucho mayor que la de buscar que la otra persona pague por lo que te hizo.

¡Ojo! Perdonar no significa que harás las paces con la persona que te dañó. No quiere decir que volverás a aceptarla en tu vida, o que convivirás con él o ella, ni mucho menos que apruebas lo que te hizo. Sólo significa que has aceptado el hecho de que han dejado una huella en ti. Y que, para bien o para mal, siempre llevarás esa marca contigo. Significa que la espera de ver llegar a quien te lastimó con el fin de curar tu herida, ha terminado. Es tomar la decisión de curar tu propia herida, sin importar que clase de cicatriz deje en ti, y aceptar que de ahora en adelante tienes que vivir con ella.


Perdonar no se trata de dejar que prevalezca la injusticia. Se trata de crear tu propia justicia, tu propio karma y tu propio destino. Se trata de ponerte de pie y seguir tu camino. De estar consciente que el resto de tu vida no tiene porque ser miserable, ni estar marcada por lo que te pasó. Significa seguir adelante con valentía, con la mirada hacia el futuro y no hacia el pasado. El perdón se trata de decidir que no vas a dejar que lo que te pasó te defina.

Perdonar no significa que vas a renunciar a tu poder, ni que vas a ser débil por el hecho de hacerlo. Significa que, finalmente, estás lista para comenzar de nuevo.

Esta mujer ADOPTA a las cuatro hijas de su mejor amiga después de que muriera de CÁNCER

Esta historia comenzó como una promesa entre dos amigas, y terminó uniendo a dos familias en una. Elizabeth Diamond fue diagnosticada en el 2014 con cáncer cerebral en etapa 4. Como madre soltera de 4 pequeñas, su mayor preocupación era el futuro de sus hijas cuando todo hubiera terminado.

Laura Ruffino, su mejor amiga desde el quinto grado, le hizo una promesa justo después de que se le diagnosticara la enfermedad. “Si algo me sucede, quiero que te hagas cargo de mis niñas” —le pidió Elizabeth. Laura inmediatamente aceptó.

























En abril llegó el momento de que Laura, junto con su esposo Rico (con el que tiene dos hijas propias), cumplieran su promesa. Elizabeth falleció a la edad de 40 años, y a partir de entonces sus 4 hijas, de edades entre los 5 y los 12 años, fueron adoptadas por su mejor amiga.


El crecimiento repentino de la familia Ruffino no ha sido nada fácil. Su casa es pequeña, y los gastos se han incrementado considerablemente. Pero, afortunadamente, ellos no están solos es esto. Elizabeth Diamond co-fundó junto con Rebecca Joy Lesniak el Centro de Bienestar de Buffalo, una organización no lucrativa, holística, a través de la cual se dedicó a ayudar a los demás. Ahora es momento de que todo su esfuerzo sea recompensado.


Lesniak y el resto de la comunidad del Centro de Bienestar han creado una cuenta para recaudar fondos y ayudar financieramente a la familia Ruffino. La historia se ha extendido por toda la web y hasta el momento se han recaudado 24 mil dólares.


Los Ruffino se están adaptando a su nueva vida de la mejor manera posible, y con la ayuda de los demás poco a poco están saliendo adelante, cumpliendo la promesa más importante de sus vidas. Esta es su frase:


Hace diez años, no pensamos que nuestra vida sería de esta manera. Pero si estas cosas llegan a ti, simplemente hay que aceptar el reto y hacer lo mejor que se pueda




8 Cosas que necesito agradecerle a mi mejor amiga. ¡Eres increíble!

Has estado a mi lado cuando he pasado por las situaciones más difíciles y divertidas. Sé que soy complicada a veces y que entonces es más difícil que me comprendas, pero tú nunca has dudado en demostrarme tu cariño.

En todo este tiempo has sido mi amiga a pesar de todo. Lo hemos sido desde pequeñas hasta nuestra vida adulta, y siempre nos ayudamos sin haber esperado nada a cambio. Hoy me comprometo a dar mi mejor esfuerzo para seguir siendo la mejor amiga que puedas tener. No suelo dar las gracias por todo lo que hacen por mí, pero sinceramente tú eres una parte importante de mi vida y eres irreemplazable. Estas son algunas de las cosas por las que quisiera agradecerte.



1. Por aguantar mis tonterías




Esto es importante. Si soy mal intencionado o hago algo que no es bueno para mi, tú eres la primera en decirlo, y a menudo eres la única que me apoya a pesar de cometer errores. Cada vez que busco al chico que en realidad sólo quiere pasar una noche conmigo; cada vez que estoy irritable sin ninguna razón; cada vez que no tomo responsabilidad por mis acciones, tú eres la única persona que conozco que me dirá las cosas como son.


2. Por tu amor incondicional:




Además de ser honesta conmigo acerca de mis malas acciones, me quieres demasiado. Muchas personas han entrado y salido de mi vida, pero tú nunca has vacilado en demostrarme tu cariño. Te has preocupado por mi aún cuando peleamos; en nuestros buenos momentos y hasta en nuestras borracheras y angustias. Tú me quieres por elección, incluso cuando no soy tan adorable.



3. Por ser mi fortaleza:




Cuando me tiro por días en mi cama y lo único que deseo es llorar; cuando estoy enojada y cuando estoy extremadamente feliz, tú eres mi apoyo. Eres mi hombro para llorar y el faro que me guía a través de la tormenta. Siempre me has mantenido con los pies en la tierra. No es una tarea fácil, pero lo has hecho y te quiero por eso.


4. Has estado a mi lado en mis distintas fases:




Ahora soy bastante normal y tengo un sentido semi-decente de la moda, pero ese no fue siempre el caso. Pasé por muchas fases a través de nuestra amistad, como cuando decidí usar delineador grueso y vestir siempre de negro. Y curiosamente, durante esas fases, nuestra amistad se hizo más fuerte.

5. Por prestarme y dejarme robar tu ropa :




Cuando tengo una cita o una entrevista de trabajo y no me gusta algo de mi guardarropa, tú nunca dudas en prestarme un vestido lindo, o esos zapatos que tanto me gustan. Siempre me cubres la espalda cuando siento que nada se me ve bien.

6. Por cuidar de mí:




Si me enfermo, o cuando tengo una horrible resaca, siempre estás ahí. Me has cuidado cuando me siento un desastre, y eso incluye la sensación de desastre emocional. Traes galletas, helado y películas tristes que nos hacen descargar todo el llanto. Después, me ayudas levantarme.


7. Por que conoces mis límites, incluso cuando yo no hago:




Si pienso que el sexto shot de tequila no me afectará o si pienso que puedo escuchar como si nada la canción con la que me pongo a llorar; si pienso que puedo hacer cualquier cosa estúpida, tú estás ahí para decirme los riesgos o para detenerme definitivamente.

8. Por darme los mejores consejos:




La verdad, no hago mucho caso de las palabras llenas de sabiduría que los demás me ofrecen, pero cuando tú me das un consejo, sé que realmente vale la pena. Eres imparcial y piensas sólo en lo que es  mejor para mí, y eso es una cosa realmente hermosa.


Me has enseñado cosas de las que yo no sabía nada, y me has ayudado cuando estoy entre la espada y la pared. Así que, a pesar de que aveces no te pongo mucha atención: gracias por todo, amiga.




¿Por qué algunas chicas se vuelven frías después de que les rompen el corazón?



Érase una vez una chica que estaba dispuesta a confiar, a amar y a ser sincera con alguien. Pero a su vida llegó el desamor, la traición y el rechazo, hasta que terminó con el corazón marchito. Ahora ella lo protege como si no hubiera mañana, y es incapaz de mostrar cualquier emoción. Ni siquiera un  hada madrina podría arreglar esto.

Fría, insensible, cansada y sola. Esta es la historia de una chica que en lugar de vivir un cuento de hadas terminó con el corazón roto. No una: demasiadas veces.



Esta chica que una vez fue capaz de expresar sus sentimientos y deseaba encontrar el amor, ahora se ha vuelto la más fría, sin ninguna intención de mostrar su corazón. Es incapaz de dejar que la gente entre en él.

Está bien teniendo un compañero ocasional, o sola. Es hermosa y luce cálida en el exterior, pero por dentro es fría, porque es lo que años de decepción han hecho con su espíritu de niña. Y tiene miedo. No hará preguntas personales por temor a que te alejes. Ha crecido acostumbrada al rechazo, así que hace todo lo posible por evitarlo.

Muchas personas creen que hacerse daño les ayudará a crecer, pero lo más probable es que resulten heridas. Quizá no sea de inmediato: resistirán, se dolerán, buscarán una y otra vez, hasta que casi sean  incapaces de sentir. Y crean que no se merecen lo que tienen todo el derecho de recibir: amor.


Esa chica con el corazón hastiado es la que se ha rendido a sí misma. Que se ha cansado de mostrar simpatía y expresar sus sentimientos. Es de corazón duro porque así se hace fuerte –ser débil la hizo sufrir, aunque equivocadamente.




Ahora se conforma con el contacto físico; con una relación temporal. Es suficiente para ella, pero en secreto quiere más. Y sin embargo, su ser se opone a cada chico porque su corazón se rompió en mil pedazos. Porque muchas veces volvió a preguntarse “¿qué pasa si…?” y tomó malas decisiones que llevaron a su corazón a congelarse de nuevo.

Ella culpa a los chicos que conoce, pero la mitad del tiempo es culpa de ella. Porque antes confió en la persona incorrecta y ahora es realmente difícil que comunique sus sentimientos. Sabe que ser amigos con beneficios no se convertirá en nada más que sexo. Lo triste es que aprendió que el sexo es la única manera de no exponerse.

Sin embargo, el miedo de defender lo que realmente siente, aunque sea muy dentro en su corazón, la hace perder a las personas, y eso es lo último que ella quiere. Pero sigue siendo la chica que no espera más del momento y disfruta de la aparente ‘relación’ que tiene. Prefiere conservarla en lugar de tratar de crecer y arriesgarse a perderlo todo. Ya no.


Se ha convencido de que puede ser amada siendo fría. Y la cosa es que rara vez eso sucede. Ella piensa: ¿por qué usar la zapatilla de cristal cuando no hay un príncipe que espere que la guíe hacia ella?



Se ha repetido que confiar en las emociones es para los débiles, y después de años de repetírselo, cree en ello. Quiere a alguien a quien proteger, amar… que no tenga que dejarlo ir; pero las experiencias del pasado han demostrado que es poco probable para ella. Tiene demasiado miedo de ser vulnerable.

Su corazón helado, paralizado, es un mecanismo de protección que causa el término de muchas de sus relaciones. O no tener ninguna. Años de dolor y angustia (a menudo auto-inducidos) la hacen incapaz de compartir una conexión real.

¿Cómo volver a permitirse conocer más sobre una persona si eso hace que te enamores? Es cierto, el sexo no llena el vacío de las emociones que necesitas para obtener algo más, pero para ella tomar el siguiente paso y hacer una conexión se siente como entregarse a alguien.


No quiere sentirse rechazada de nuevo. Es similar a la sensación de estar desnuda y avergonzada. No hay nada peor para ella que dar y no recibir nada a cambio. Por eso es que, con los años, ha empujado lejos sus sentimientos y emociones, y actúa como si no le importara nada, aunque no sea verdad.



Lo hace para protegerse. Sabe que no hay un “vivieron felices por siempre” de todos modos.

La chica del corazón roto ha sido incapaz de encontrar el amor y la emoción, porque ella no quiere volver a sentir ese dolor presionando su pecho. No quiere volver a derramar más lagrimas ni tener días en los que olvida su existencia.

Le tomó tanto tiempo volver a ser fuerte e independiente (por lo menos en el exterior) que ninguna emoción resulta mejor que tener seguridad en ella misma.

Carta abierta para una amiga que un día decidió alejarse de mi vida.


Algunas amistades vencen las adversidades y perduran con el tiempo. Un mejor amigo siempre está presente en las buenas y en las malas, aún cuando la distancia entre ambos sea enorme. Quizá las personas entren y salgan de tu vida, pero jamás esperas perder a un mejor amigo o a una mejor amiga de pronto. Nunca imaginas que un día se irá de tu vida sin una despedida, simplemente porque la comunicación y los lazos  se rompieron.

Esta es una carta para mi amiga, aquella que decidió alejarse de mí.


Querida Amiga: 





Hoy alguien me preguntó cómo estás, y me di cuenta de que no lo sé. No podía decirle qué cosas has estado haciendo. No podía decirle cómo pasas tus días y tampoco lo que es importante para ti últimamente. O quién es importante en tu vida (porque claramente no soy yo). 

Me di cuenta de que sólo te conocí durante algún tiempo.

El cambio es una cosa curiosa, porque yo solía saberlo todo. Solía hablar contigo todos los días, y me di cuenta de todos tus caprichos, de tus travesuras y aventuras diarias. Caray, yo solía ser parte de ellas. Pero ahora no lo soy, y no lo he sido por un tiempo.



Te fuiste con demasiada gracia de mi vida: hiciste tu reverencia y saliste por la parte izquierda del escenario. Yo estaba en una escena de la obra, y finalmente el telón bajo sobre mí, dejándome en la oscuridad.

¿Sabes? Yo solía echarte de menos. También nuestras bromas, las conversaciones sin sentido, el recuento de lo que hacíamos juntas. ¡Solía extrañar tanto nuestra amistad! Pero nunca sentí que tú me extrañaras o que me echaras de menos, o que recordaras las cosas que hice por ti. Así que, con el tiempo, dejé de extrañarte.

También solía estar enojada. ¡Estaba tan molesta por la forma en la que saliste de mi vida y te olvidaste de mí! Me hiciste sentir muy triste y enojada al mismo tiempo; hasta llegué a pensar que te odiaba…


Me tomó un tiempo, pero he llegado a la conclusión de que una amiga no es alguien con quien puedes enviarte mensajes cuando quieras, o cuando necesitas algo. No es alguien con la que puedes tener una pequeña charla en el bar pero no una importante, y definitivamente, no es alguien a quien no le interesa saber quién soy realmente.

Para mí, te has convertido en alguien que conocí alguna vez. No sé si te percataste de ello, pero tú simplemente dejaste de saber quién era yo. Dejaste de preguntarme cómo estaba y, en ese tiempo, he cambiado. Apuesto a que tú no sabes nada acerca de mis últimos tropiezos y triunfos. Y si lo sabes, nunca me has felicitado o me has preguntado si estoy bien.

Me tomó demasiado tiempo darme cuenta de que no debería seguir siendo amiga de personas que nunca me lo preguntan. En palabras más simples, a final de cuentas tú no sabes cómo soy, y jamás te importó preguntarlo.



Pero en caso de que te lo preguntes ahora, no estoy triste. Tampoco estoy furiosa, y no te odio. Simplemente no me importas más. Quizá algún día alguien te pregunte por mí, por cómo estoy. Entonces te resultará obvio que no lo sabes. Espero que ese día me extrañes.




Carta abierta para mi ex mejor amiga.

Encontrar una mejor amiga no es cualquier cosa. Ella tendrá un papel importante dentro de tu vida, será quien te acompañe en los momentos más felices pero también será tu apoyo en las malas rachas. Por eso, no cualquier persona que se atraviesa por tu vida puede ser considerada como ‘mejor amiga’.


Yo había encontrado a mi mejor amiga para siempre, o al menos esos pensaba. La conocí en la preparatoria, y compartimos momentos inolvidables. Era como mi hermana, sólo que de otra madre. Todo era perfecto entre nosotras, pero un día, no estaba más. No sé si fueron las múltiples ocupaciones que la vida nos trajo, o simplemente que cada quien siguió un camino diferente, pero hay tantas cosas que quiero que sepa, que he decidido hacerle esta carta.



Querida extraña:

Te echo de menos. Echo de menos los mensajes de texto que nos enviábamos sobre cualquier cosa estúpida que sucedía en nuestra vida. 

Extraño la manera en que las personas me preguntaban dónde estabas cuando no ibas conmigo porque todos sabían que no podíamos salir sin la otra. Echo de menos reír contigo de todos nuestros chistes. Echo de menos enviarnos Snapchats vergonzosos y nuestras videollamadas desde el baño. Echo de menos que con una sola mirada sabíamos lo que estábamos pensando exactamente. 

También extraño a tu familia y la forma en que solías ponerme al tanto de cada acontecimiento que te sucedía con ellos. Echo de menos saber que siempre estabas ahí para mí, para apoyarme, sin importar qué tan mala podía ser la situación. Yo siempre sabía que ahí estarías tú. Extraño a mi persona favorita, a mi otra mitad… a mi mejor amiga.

No me gusta que las personas me pregunten cómo estás, porque realmente no lo sé. Odio que nuestras conversaciones que una vez solían ser tan naturales y aparentemente interminables, ahora sólo estén llenas de incómodos silencios. No me gusta que tu cara, la cara que estaba tan acostumbrada a ver todos los días y a todas horas, se haya convertido en una más entre la multitud. 

Odio que ahora podemos durar días sin hablarnos y que la mayoría de nuestras conversaciones empiecen con un: “Siento que no hayamos hablado antes”.


Tengo miedo de que no podamos arreglar las cosas y al final no haya sido para siempre. Tengo miedo de que de ahora en adelante tú ya no seas parte de mi vida. De que cuando abrace a mis amigos en mi graduación, tú no estés ahí. Tengo miedo de que cuando haga mi primer fiesta de inauguración en mi nuevo departamento, tú no estés ayudándome con los preparativos. 

Que cuando llegué el día de mi boda, mire alrededor y entre toda la multitud tu rostro no esté ahí. Pero lo que más me asusta es que eso ni siquiera te preocupa.

 Tengo miedo de que tal vez ni siquiera has notado mi ausencia, o que a lo mejor, simplemente no te importa. Me da miedo saber que ya me reemplazaste. Tengo miedo de que tú no recuerdes con cariño nuestra amistad como lo hago yo. De que nuestra falta de futuro no te duela tanto como a mí me duele. Tengo miedo de que no me extrañes tanto como yo te echo de menos.



Sin embargo, incluso si no es el caso, yo no renuncio a la esperanza de que algún día nuestros caminos se vuelvan a unir, no importa lo difícil que parezca ahora. Nunca voy a dejar de preocuparme por ti, ni dejaré de desearte el bien en la vida. En silencio voy a sonreír desde mi lugar mientras avanzamos por el mundo. 

Tú siempre tendrás un lugar muy especial en mi corazón, a pesar de que yo no tenga uno en el tuyo. Nunca voy a dejar de recordar nuestra amistad con cariño y siempre diré que, conocerte, ha sido una de las mejores cosas que me han sucedido.

No sé que es lo que nos depara el futuro, pero si sé un cosa: nunca voy a encontrar un amiga como la que encontré en ti.

Gracias por todo. Te echo de menos más de lo que jamás creí.

Chica pensando mientras observa por la ventana

Te deseo todo lo mejor,
tu ex mejor amiga.